PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

El Parque natural de la península de Llevant, con 1.671 ha de superfície, comprende un amplia área de las montañas de Artà, e incluye las cimas de mayor altitud de las Serres de Llevant (Puig Morei, 564 m; Puig des Porrassar, 491 m; Puig de sa Tudossa, 441 m).

Las reservas naturales de Cap de Ferrutx y Cap des Freu, en los términos de Artà y Capdepera, comprenden dos áreas de acantilados costeros en el extremo septentrional de la península de Llevant.

El Parque natural y las reservas se declararon mediante el Decreto 127/2001, de 9 de noviembre (BOIB nº. 140, de 22-11-2001) y su delimitación se modificó mediante la ley 10/2003, de 22 de diciembre de medidas tributarias y administrativas. Estos espacios naturales forman parte de la Red Europea Natura 2000, tanto en calidad de Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), como de Lugar de Interés Comunitario (LIC).

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  • Cierren las barreras para evitar que el ganado se escape.
  • No enciendan fuego, debido a que se encuentran en un área de alto riesgo de incendio.
  • Observen las plantas y las flores sin cortarlas.
  • No tiren basura.
  • Paseen en silencio y por los caminos, así evitarán molestias a la fauna y a otras personas.
  • No lleven perros sueltos, pueden causar molestias a la fauna y al ganado.
  • Avisen al personal del Parque de cualquier desperfecto o anomalía que observen

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El Parque natural se encuentra ubicado al nordeste de la isla de Mallorca, en la península de Llevant, en el término municipal de Artà. Al Parque se puede llegar desde la carretera de Artà en dirección a la ermita de Betlem (MA 3333) y girando a la derecha en el kilómetro 4,7

MAPA

PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

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El paisaje actual de estas tierras es fruto de las interacciones entre los seres humanos y la naturaleza a lo largo del tiempo. En el Parque encontramos cultivos extensivos de olivo, almendro, higuera y algarrobo. El desarrollo turístico fue la causa del progresivo abandono de estas actividades en las zonas menos rentables. Para conseguir la regeneración de los pastos para los rebaños de ovejas y cabras, se quemó reiteradamente el monte, esto ha favorecido la presencia de especies que rebrotan fácilmente, como el carrizo (Ampelodesmos mauritanica) y el palmito (Chamaerops humilis). Así, actualmente, el carrizal cubre grandes extensiones del Parque en espacios antiguamente ocupados por bosques u otras comunidades arbustivas.

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La gran diversidad de ambientes (acantilados, cuevas y simas, fuentes y torrentes, bosques y monte bajo) hace que este Parque natural sea un área de gran valor paisajístico. En la zona se encuentran un elevado número de especies endémicas de las Islas Baleares. Respecto a la flora, destaca el hipérico balear (Hypericum balearicum) y el característico arbusto almohadillado y espinoso llamado Teucrium marum subsp. occidentale. Respecto a la fauna se encuentra el caracol (Iberellus balearicus), el pseudoescorpión cavernícola (Chthonius balearicus) y la curruca balear (Sylvia balearica). El Parque cuenta con diversas poblaciones de tortuga mediterránea (Testudo hermanni), de erizo (Atelerix algirus), de jineta (Geneta geneta), de marta (Martes martes) y de sapo verde (Bufo balearicus). Entre las aves, hemos de destacar que nidifican la aguila calzada (Hieraaetus pennatus), el halcón peregrino (Falco peregrinus), la gaviota de Audouin (Larus audouinii), el cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) y el alimoche (Neophron percnopterus). No es extraño ver en el Parque el majestuoso milano real (Milvus milvus), gracias al proyecto de reintroducción que se realiza para que esta ave vuelva a vivir, como lo hacía en el pasado.

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Los testimonios más antiguos de la presencia humana los encontramos reflejados en restos arqueológicos. También hay muestras de la arquitectura militar; como la atalaya Moreia (torre de vigilancia) y los restos de un campamento de presos republicanos de la Guerra Civil. Asimismo, destacamos las cases de possessió (casas de fincas rústicas), como las casas de Albarca, los bancales y el resto de elementos de la vida agrícola (almazaras, norias, aljibes…). La abundancia de palmito hizo posible que a finales del siglo XIX se desarrollara la artesanía de la obra de palma. Hoy en día todavía queda algún artesano que realiza esta actividad.

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-Centro de información y oficina del Parque Natural: S’Alqueria Vella de Baix. Carretera Ma-3333 desvío quilómetro 4,7. Apartado de correos nº 76; 07570 Artà. Horario: de lunes a domingo de 9 a 16 h. Teléfono: 606 096 830. -Refugio de s’Alzina, els Oguers y s’Arenalet. Para consultar la información visite la página web del IBANAT en el siguiente enlace: www.caib.es Las reservas se realizan online exclusivamente a través de la página web del IBANAT en el siguiente enlace: www.caib.es Para consultas y aclaraciones puede llamar al teléfono 971 17 76 52 (de lunes a viernes de 10 a 14 h) -Zona de acampada junto a la platja de s’Arenalet. Información y reservas al teléfono 971 17 76 52. Horario de reserva de lunes a viernes de 10 a 14 h. -Párquing de s’Alqueria Vella de Baix.

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Las personas que no puedan acceder al medio natural, por cualquier dificultad física o psíquica, pueden solicitar realizar los itinerarios con una silla Joëlette. Para más información puede consultar el folleto en www.caib.es Para elegir entre nuestra oferta de itinerarios pueden ponerse en contacto con la informadora del Parque, quien les sugerirá varias opciones. (Teléfono de contacto del Parque: 606 096 830) Para concertar la visita pónganse en contacto con los voluntarios de Cruz Roja, con un mínimo de tres semanas de antelación. (Teléfono de atención al público de la Cruz Roja de 24 horas: 971 29 50 00) Se acordará la visita siempre que haya voluntarios (o voluntarias) disponibles. El préstamo de la silla es completamente gratuito. El proyecto está financiado íntegramente por la Obra Social de "la Caixa".

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  • De s'Alqueria Vella a es Verger
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  • Des Verger a Albarca
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  • Camí dels Presos
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  • Camí de s'Esquena Llarga
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  • Camí d'en Mondoi
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  • Camí dels Horts Vells d'Albarca
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  • La font de Penya Roja
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  • Campament des Soldats - Es Verger
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  • Volta als Establits de s’Alqueria Vella
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  • Pujada al puig Figuer
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  • Pujada al puig des Porrassar
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  • Puig de sa Talaia Freda

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De s'Alqueria Vella a es Verger

Dificultad:Baja
Duración:35 min

Color:   

El itinerario empieza en las casas de S'Alqueria Vella de Baix, situadas en la entrada principal del Parque natural. El paisaje que nos acompañará hasta las casas des Verger está muy marcado por una actividad humana, la agricultura, que ha sido la base de la subsistencia de la sociedad preturística en esta tierra.

Etapas

Las casas de s'Alqueria Vella de Baix se encuentran en el centro de un valle a unos 230 m de altitud, rodeado por las laderas de sa Talaia Freda por el oeste, de Es Porrassar y el Puig des Corb por el norte y de los montes de Es Castellot, Genet y Figuer por el este y el sur. El topónimo Alquería, del árabe al-qarya o al-qariya, nos remonta al pasado musulmán de Mallorca, cuando Artà, Capdepera y Son Servera pertenecían al distrito de Yartân. La agricultura ocupaba a la mayor parte de la población. El regadío estaba muy desarrollado, gracias al dominio extraordinario de la hidráulica de los árabes. En toda la finca hay muestras de esta herencia: norias, pozos, aljibes, bancales, canales y acequias. Cultivaban cereales, pero también hortalizas y forrajes. A partir de la conquista catalana el año 1229, las tierras fueron inmediatamente repartidas entre el rey Jaume I y los miembros de la alta aristocracia, y repobladas con nuevos colonos, mayoritariamente catalanes. La introducción del sistema feudal de tenencia de las tierras supuso una profunda reconversión de los cultivos. Los cultivos más especializados de la época anterior (arroz, algodón, productos hortícolas) fueron sustituidos por la trilogía mediterránea (trigo, vid y olivo), que adquirió un papel predominante. Hasta finales del siglo XIX, el mundo rural giró en torno a la possessió o predio, la unidad agrícola productiva por excelencia. Los propietarios las arrendaban a los arrendatarios que se convertían en los dueños (en sentido figurado). Éstos mediante la figura del mayoral dirigían la producción y organizaban el trabajo de los jornaleros, mozos de labranza y pegujaleros. Seguiremos el camino que lleva a Es Verger, rodeando unas cuantas parcelas cerradas de pared seca y dejando a la izquierda una alberca y una noria.
A medida que aumenta el desnivel, en las laderas de esta llanura, la vegetación dominante es el sotobosque. En esta zona y, fuera del lugar de paso, encontramos unos bebederos artificiales construidos para asegurar la supervivencia de la fauna, en especial de la población de tortuga mediterránea (Testudo hermanni) Cerca de las casas de s'Alqueria Vella de Baix encontramos las de Can Ros, rodeadas de olivares sobre bancales. En S'Alqueria Vella hay unos 500 olivos, a los que se han de sumar los 700 de Albarca y es Verger. Las fincas se explotan siguiendo los criterios del Consejo Balear de la Producción Agraria Ecológica. Los cultivos en estas tierras son siempre árboles de secano resistentes a la falta de lluvias: almendros, algarrobos y alguna higuera. Poco después, llegamos a la llanura de Can Totdéu, donde la presencia de estos árboles se combinan con el cultivo anual de forrajeras para el ganado. La producción de aceite tenía un papel importante, ya que permitía la exportación de los excedentes. En las grandes fincas rurales agrícolas (possessions) se alquilaban jornaleros para la cosecha de la aceituna en otoño. En estas tareas intervenían las mujeres y los niños. Quedan todavía en las fincas las almazaras de s'Alqueria Vella de Baix y de Albarca. Un reducido número de propietarios latifundistas poseían casi las tres cuartas partes de las tierras hasta que, a finales del siglo XIX, algunas grandes posesiones se segregaron en pequeñas parcelas de una o dos cuarteradas y permitieron la consolidación de un grupo amplio de pequeños propietarios. Algunas grandes propiedades nobiliarias pasaron a manos de señores propietarios locales, como fue el caso de Albarca y es Verger. Con la crisis de los cultivos tradicionales de finales del siglo XIX, el olivar y los cereales alternados con las legumbres fueron sustituidos por el almendro, la viña, la higuera y el algarrobo. A la izquierda del camino, una pequeña barraca de piedra, Can Valent, nos recuerda las condiciones de vida del campesinado de aquella época. Lo que actualmente sirve de abrigo para las ovejas, en otro tiempo lo habitó una familia. Más arriba, encontramos las casas de Can Totdéu, donde hay testimonio que los agricultores estuvieron hasta el año 1906. Las únicas comodidades que tenían eran un rincón para hacer fuego y un lecho de paja. A pocos metros encontramos una era donde se batía el trigo y con la ayuda del viento se separaba el grano de la paja. En este sitio, muy cerca de las casas de Can Totdéu, el Coll des Verger (puerto de montaña) separa las fincas de s'Alqueria Vella y es Verger. Desde allí disfrutaremos de una vista impresionante del valle y, si el día es claro, también de la isla de Menorca.
Al fondo del valle veremos zonas de cultivo, que contrastan con las laderas cubiertas de carrizo (Ampelodesmos mauritanica) que llegan hasta la parte alta de las montañas que forman Ses Murades, las peñas que rodean el valle. El carrizo cubre grandes extensiones del Parque natural y da color al paisaje: dorado todo el verano y verde vivo a partir de octubre. Además del carrizo, hay una gran variedad de plantas, algunas tan conocidas como el lentisco (Pistacia lentiscus) o el palmito (Chamaerops humilis), la única palmera autóctona de las Islas Baleares, y otros menos abundantes como la cebolla marina (Urginea maritima), fácil de reconocer por sus grandes hojas y la espiga de flores blancas que se abren en pleno verano. Entre las plantas destaca un numeroso grupo de especies endémicas, como el aro (Arum pictum), propia de las Islas Baleares, Córcega y Cerdeña, el puerro silvestre (Aetheorhiza bulbosa), el azafrán silvestre (Crocus cambessedesii). A pesar del gran número de especies que encontramos, la abundancia del carrizo es notable. La explicación, como tantas otras veces, tiene mucha relación con nosotros, los humanos. En las fincas de montaña se ha practicado desde antaño la ganadería ovina extensiva. Las ovejas aprecian el carrizo, que una vez segado o quemado rebrota, ofreciendo brotes más tiernos y comestibles. Por ello, durante mucho tiempo, los pastores han utilizado el fuego para obtener nuevos pastos para el ganado. Este método, sin embargo, ha tenido efectos negativos en la composición de la vegetación, y ha marcado el aspecto de estas montañas. Tras el paso del fuego, las plantas rebrotadoras (y especialmente el carrizo) se ven muy favorecidas frente a las demás. Si tenemos en cuenta que en los años 1992 - 2002 se quemaron en el levante de Mallorca más de 4.000 ha de matorrales y bosques, entendemos que la reiteración de los incendios ha empobrecido las montañas, que han perdido la mayor parte de la cubierta arbórea, acelerando la erosión del suelo. En el Parque, se emplea el rebaño para disminuir la densidad del carrizo, que quema muy rápidamente, de modo que se reduce la combustibilidad y, por tanto, el riesgo de incendio.
Actualmente las casas de Es Verger se encuentran en mal estado de conservación, pero algunas generaciones las conocieron de manera muy diferente. El Archiduque Luis Salvador la describe como "una casa nueva y modesta con portal rectangular, desde la que se domina el mar al pie hasta las costas de Menorca". De hecho, Es Verger siempre se ha asociado a Albarca, porque los propietarios han sido muchas veces los mismos. Las casas estuvieron habitadas hasta los años 80 y en los huertos se podía encontrar toda clase de verduras y hortalizas. Los huertos reciben agua de la fuente de Es Verger. Más arriba, junto al camino hay una surgencia de agua con una curiosa inscripción: “Antig ullal de temporada, font permanent desde 19... Any 1958”. Las casas de Es Verger tienen una estructura bastante diferente a las de S'Alqueria Vella de Baix, si nos referimos a las dependencias interiores. Pero lo que destaca es la diferencia de las fincas desde el punto de vista de la explotación: en Es Verger se desarrolló más la producción hortícola y la ganadería porcina (podemos ver aún las pocilgas), mientras que S'Alqueria se dedicó más a la producción de aceite y a las ovejas. En las picas y acequias de Es Verger podemos encontrar plantas de ambientes acuáticos como son los musgos y las algas. Entre la fauna encontramos una gran diversidad de invertebrados, como las libélulas, y vertebrados como la rana (Rana perezi) y la culebra de agua (Natrix maura). Si nos interesa otra comparación, ahora estamos en una hora de camino de las casas de Albarca, diferentes, también, del resto. Si consideramos que es hora de volver, podremos deshacer el camino, volviendo a subir el puerto y luego bajando hacia s'Alqueria Vella. Un lugar agradable para hacer una merienda antes del camino de retorno podría ser sobre la era o bien al mismo Coll des Verger, con la vista del mar de fondo.

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Des Verger a Albarca

Dificultad:Baja
Distancia:3 km
Duración:50 min

Color:   

El itinerario une las casas des Verger con las de Albarca, atravesando el valle de Es Verger y los olivares de Ses Monjoies. El recorrido empieza a la altura de las casas des Verger, una vez pasada la barrera que da acceso a esta finca ubicada en el puerto de montaña llamado Coll des Verger (304 m).

Etapas

Las casas originarias des Verger se construyeron en el s. XIV. Se componen de una edificación de dos alturas con dependencias adosadas de uso agrícola y ganadero. La cubierta conserva la estructura tradicional con vigas de madera y cañizo, aunque el estado de conservación del conjunto es malo. El porche de carro presenta un portón con arco y la cubierta con bóveda de cañón de piedra arenisca. La existencia de agua en esta región permitió aprovechar los bancales para desarrollar una zona hortícola. Quedan todavía algunos árboles frutales (higueras y almendros) y laureles. Los actuales huéspedes de las casas des Verger son algunos murciélagos, que se alimentan de mariposas nocturnas, escarabajos y otros insectos voladores, y las lechuzas (Tyto alba), rapaces nocturnas que se alimentan de insectos y roedores. Paralelamente al camino podremos ver un cortafuegos abierto por las brigadas que realizan trabajos de prevención de los incendios forestales; el pasto del ganado complementa estas actuaciones.
La fuente de Es Verger y el agua que se recoge en esta cuenca se origina en el torrente de Es Niu des Pilot, que recorre el valle, hasta juntarse con el Torrent des Matzoc. Haciendo el camino de bajada, en dirección a Albarca, avanzamos al lado de una acequia para la distribución del agua entre los cultivos de los bancales. Desde aquí disfrutamos de una panorámica encuadrada entre bancales, que permiten aprovechar al máximo el suelo para los usos agrícolas, frenan los procesos erosivos y contribuyen a la regulación del régimen hidráulico. La construcción de bancales, paredes, fuentes y canalizaciones conlleva la creación de hábitats que colonizan especies como los invertebrados, que encuentran dentro de los muros de piedra un ambiente con condiciones estables, a salvo de los depredadores. Entre los vertebrados que buscan alimento y refugio en los agujeros, encontramos reptiles como la salamanquesa (Tarentola mauretanica) y mamíferos como el ratón de campo (Apodemus sylvaticus) y la comadreja (Mustela nivalis). En cuanto a las aves, con un poco de suerte podremos ver, o escuchar, el alcaraván (Burhinus oedicnemus).
Unos centenares de metros más abajo de las casas, encontramos una alberca pequeña que permite beber al ganado de la finca y sirve, además, de hábitat para muchas plantas, como el pie de Cristo (Potentilla reptans), la berraza ( Apium nodiflorum), el culantrillo (Adiantum capillus-veneris), musgos y algas. Entre los animales, hay muchos que viven al menos parte de su ciclo en el agua, como los crustáceos, los moluscos y los insectos. Las ranas (Pelophylax perezi), encuentran en la balsa un ambiente idóneo para la reproducción entre las algas, mientras que la culebra de agua (Natrix maura), se esconde para cazarlas. En verano, cuando el agua escasea, la alberca se convierte en el centro de vida. Las fuentes, albercas y balsas del Parque se limpian regularmente para mantenerlas en condiciones adecuadas. Su abandono supondría la desaparición de este pequeño ecosistema.
El valle des Verger queda cerrado al este por un impresionante conjunto de acantilados que conforman Ses Murades (las murallas). Detrás de esta barrera natural se abre el collado de Albarca que da acceso a la finca desde Artà. Los acantilados están colonizados por un tipo de flora rupícola a menudo endémica, como Crepis triasii y Helichrysum ambiguum. Los peñascos también son utilizados por algunas especies de aves muy valiosas como lugar de reproducción. Es el caso del roquero solitario (Monticola solitarius), que vive en las zonas rocosas de la costa y en las montañas, el águila calzada (Hieraaetus pennatus), una pequeña águila que cuenta con una de las poblaciones más importantes de Mallorca en las montañas de Artà y el halcón común (Falco peregrinus), que caza siempre en el aire aprovechando la enorme aceleración de sus picados. La presencia de éstas y otras rapaces, como el alimoche (Neophron percnopterus) y el milano real (Milvus milvus), hacen que el Parque natural de la Península de Llevant tenga un elevado interés faunístico.
Cuando acabamos el descenso por el valle, antes de iniciar la subida al collado llamado Coll de sa Barrereta, encontramos un pinar donde se ejecutan varias tareas encaminadas a prevenir plagas forestales. Pasado el pinar, vale la pena disfrutar de las magníficas vistas: el valle des Verger, por donde hemos llegado, protegida por ses Murades y el Puig des Corb, el olivar de Albarca, las casas de sa Cova, el Puig de s Águila al fondo a la derecha y el Puig des Telègraf con la atalaya de Son Jaumell a la izquierda. Las aves que podríamos oir en los pinares son el piquituerto (Loxia curvirrostra), el pinzón (Fringilla coelebs), el verderón (Carduelis chloris), el mosquitero común (Phylloscopus collybita), el torcecuello (Jynx torquilla), la becada (Scolopax rusticola) y la paloma torcaz (Columba palumbus). Durante el invierno veremos el petirrojo (Erithacus rubecula) y la lavandera blanca (Motacilla alba), muy frecuente en los cultivos y los caminos. Al borde del camino encontramos plantas ruderales como el cardo lechero (Cynara cardunculus), las flores del cual se empleaban tradicionalmente en la elaboración del queso. A la altura del torrente, que se junta varias veces con el camino que seguimos, podemos observar las jaras, palmitos, lechetreznas y arbustos espinosos de formas redondeadas que aparecen sobre los afloramientos rocosos.
Siguiendo nuestra ruta atravesamos el olivar de Ses Monjoies y una zona de encinar hasta llegar al cruce con el camino procedente de Son Puça. Colgadas de los olivos hay trampas de fosfato para prevenir la plaga de la mosca del olivo. A partir de las aceitunas que se cosechan en Albarca se elabora aceite de oliva de producción ecológica, muy apreciado. Las aceitunas se prensan fuera de las fincas, si bien queda todavía en muy buen estado de conservación la almazara de Albarca adosada a la parte posterior de la casa de los dueños. Al llegar al cruce señalizado, seguimos el camino de la derecha que lleva a Albarca en 5 minutos. Justo antes de llegar a las casas veremos unos sesteaderos y acto seguido, a mano derecha, la alberca. Las casas de Albarca, originarias del siglo XIII, son dos edificaciones (casa de los amos y casa de los señores) unidas por dos arcos rebajados (canales de agua). Las cubiertas, de teja árabe, tienen dos vertientes. Hay varias dependencias separadas: graneros, pajares, pocilgas, comederos y una leñera. Tras las casas de Albarca han encontrado restos cerámicos de la época medieval, tanto de origen islámico como cristiano. La casa de los señores, o casa de S'Alzina, es hoy un refugio de montaña gestionado por el Govern de les Illes Balears.

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Camí dels Presos

Dificultad:Media
Distancia:2 h
Duración:2 h
Recomendaciones:Calzado cómodo
Temática:Interés natural, etnológico e histórico

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El itinerario empieza en las casas de S'Alqueria Vella de Baix y sigue el Camí dels Presos, que remonta el valle de S'Alqueria Vella hacia el pie del monte Es Porrassar, llega al Campament des Soldats, y desde allá continua hasta la cima del Puig de sa Tudossa, donde podremos disfrutar de unas vistas panorámicas excelentes. El trayecto presenta innumerables puntos de interés natural, etnológico e histórico.

Etapas

La finca de S'Alqueria Vella (374,72 ha) fue adquirida por el Govern de las Illes Balears en el año 2001. Junto con las fincas de Albarca y es Verger (1.127,9 ha) se incluyen en el Parque natural de la península de Llevant. El valle de S'Alqueria Vella se encuentra a unos 230 m de altitud, acoge más de una docena de edificaciones diferentes y está rodeada por las laderas de la atalaya Freda, Es Porrassar, el Puig des Corb y los montes Figuer y Genet . Las casas de S'Alqueria Vella de Baix, a la entrada del Parque, son modestas y de aspecto robusto, con pocas aberturas en los muros. Su emplazamiento sobre una colina a una cierta altura las hace destacar dentro de su entorno, el valle. Las llanuras del valle se cultivan desde tiempos muy remotos. El olivar y la ganadería ovina fueron la base de la economía de la finca. Actualmente, las fincas son gestionadas bajo los criterios del Consejo Balear de la Producción Agraria Ecológica (CBPAE). Las ovejas de S'Alqueria Vella, es Verger y Albarca son de raza mallorquina, y aprovechan la vegetación espontánea, rastrojos y hojas de almendro. Hay más de 500 y se destinan fundamentalmente a la producción de carne.
Para ir hacia Sa Tudossa hay que pasar una barrera y seguir el camino. Al fondo del valle hay un olivar y ante nosotros la peña blanca del Puig des Corb. Pasados unas curvas, queda a mano izquierda el camino que baja hacia las casas de S'Alqueria Vella de Dalt. Estas casas de payés son la segunda construcción en importancia de la finca y datan del siglo XIX; las forman la vivienda de los amos, además de los sesteaderos, el pajar y una cisterna. Cerca de las casas, quedan una noria, recientemente restaurada, y otros elementos etnológicos como unos abrevaderos, cerramientos ganaderos, numerosos bancales y algunos caminos de herradura: uno de estos desciende paralelo al Camí dels Presos en dirección a las casas de S'Alqueria Vella de Baix. A lo largo del recorrido encontramos a mano derecha la almazara y las cocheras, que empleaban los habitantes tanto de S'Alqueria Vella de Baix (abajo) como los de la de Dalt (arriba). Una vez pasado el desvío que conduce a estas casas, el itinerario continúa unos 200 m por el Camí dels Presos hasta que hay que tomar el desvío a la derecha, por el camino que se adentra en el pinar del Puig des Corb y que llega hasta el Campament des Soldats.
El Parque natural de la península de Llevant acoge una gran variedad de hábitats para cientos de especies de flora y fauna. Los bosques son escasos en las montañas de Artà, debido a los reiterados incendios que han sufrido. Los pinares son un excelente refugio para los pájaros, como el carbonero común (Parus major), el piquituerto (Loxia curvirostra), el pinzón (Fringilla coelebs) y el verderón (Carduelis chloris). Colgadas de los pinos pueden ver cajas-nido, colocadas para favorecer la presencia de pájaros insectívoros, especialmente el carbonero común, que ayudan a combatir naturalmente la plaga de la procesionaria del pino. Por su situación, en la cara norte del Puig des Corb, este pinar es bastante sombrío y podremos encontrar muchos tipos de setas, plantas trepadoras, como la Rubia peregrina y los Galium sp, y endemismos como el pan porcino (Cyclamen balearicum). El pinar se extiende hasta una torrentera, en parte encajada dentro de la pared seca, mientras que el camino sube entre bancales abandonados, testigo del trabajo de los colonos de estas tierras en el siglo XIX y los presos del campamento.
Ya fuera del pinar, el sendero conduce otra vez al Camí dels Presos, a muy poca distancia del Campament des Soldats. El Campamento es actualmente un montón de ruinas, pero entre 1941 y 1942, una vez acabada la Guerra Civil, fue empleado como colonia penitenciaria para centenares de prisioneros del régimen franquista. Los prisioneros construyeron la carretera a cambio de redimir condena (de aquí Camí dels Presos). Ésta tenía que llegar hasta Sa Talaia Moreia, donde se tenía que levantar un fortín armado con cañones de costa. En el Campamento aún podemos intuir las dependencias de los oficiales, la cantina, el almacén, el hospital e imaginar en qué condiciones convivían los prisioneros dentro del barracón. Una piedra grabada recuerda a las personas que fueron condenadas a trabajos forzados. Seguimos el indicador en dirección a S'Arenalet. Si giramos la vista atrás tenemos el valle de S'Alqueria, con el Puig des Corb a la izquierda, y a su derecha la sierra de Artá, desde el Bec de Ferrutx, hacia el Puig de sa Creu y la Talaia Freda o Puig Morei , que con 563 m es el pico más alto de esta sierra.
Avanzando por el camino, encontramos un paisaje dominado por el carrizo y por el viento, ahora abierto a los excursionistas que hacen este camino, pero en otro tiempo sólo trajinado por pastores, recolectores de palma y contrabandistas. El paisaje está estrechamente relacionado con las actividades humanas, sobre todo con el uso secular del fuego como método para obtener carrizo tierno para el pasto del ganado ovino. Esto explica la falta de bosques en estas vertientes, donde el carrizo ha rebrotado infinidad de veces, mientras otras especies no corrían la misma suerte después de cada incendio. El Govern de las Illes Balears hace muchos esfuerzos para la prevención y la rápida extinción de los incendios forestales. El Plan comarcal de defensa contra incendios forestales de Levante considera el Camí dels Presos una vía de acceso rápida y segura para actuar en caso de incendio y, para garantizar la seguridad de los trabajadores que actúan para extinguir los incendios, se han limpiado la vegetación los márgenes del camino. Por otra parte, también se ha actuado en la regeneración de la cubierta forestal, tal y como se puede ver en 9 parcelas a lo largo del Camí dels Presos, donde se han sembrado especies autóctonas a fin de que, a medio plazo, estas zonas de vegetación se desarrollen y conviertan en núcleos de dispersión de semillas hacia las zonas cercanas. Las parcelas de repoblación están cerradas con rejilla para evitar que ovejas y cabras pasten.
Tendremos que seguir ascendiendo si queremos llegar al Puig de Sa Tudossa (441 m). Desde la cima podemos disfrutar de magníficas vistas, tanto hacia la costa norte de la península de Llevant, con la isla de Menorca al fondo (visible en los días más claros), como de la bahía de Alcudia. Este es, sin duda, un buen lugar para reflexionar sobre el uso de la costa a lo largo de la historia. Desde Sa Tudossa podemos identificar las torres de Sa Talaia Moreia, justo detrás nuestro, la de Albarca o de Es Matzoc, más abajo, en la costa; y la de Son Jaumell o de Es Telègraf, en el lado de Capdepera. Entre los siglos XVI-XVIII, durante la época de ataques piratas y corsarios, se diseñó la red de torres de vigilancia o atalayas comunicadas a través de señales de fuego y humo. Más tarde se incorporaron cañones a algunas torres, como es el caso de la torre d'Albarca, y así sirvieron de defensa. Estas torres, repartidas a lo largo de la costa, forman parte de nuestro patrimonio cultural. Desde el siglo XVIII, el contrabando apareció como una respuesta social a causa del elevado control fiscal sobre los productos de importación. La costa que vemos desde este monte, entre Pollença y Capdepera, fue un importantísimo punto de desembarco de género, especialmente las clas escondidas en medio de los tramos más abruptos de la costa (Caló de Ferrutx, cala Na Picarandau, Sa Font Celada, Penya Roja...) Podemos ver también la Colonia de Sant Pere, fundada en 1880 con 66 familias, para favorecer el cultivo de nuevas tierras en momentos en que el crecimiento de la población requería la roturación de nuevos terrenos para hacer frente al hambre. La costa de la bahía de Alcúdia también recibió la llegada del turismo de masas: hacia los años 1950-60 llegan a una Mallorca agrícola miles de turistas buscando sol y playa. Las tierras más pobres al lado del mar, que nadie quería, se revalorizan. Es la época del crecimiento urbanístico sin planificación: Can Picafort, el puerto de Alcudia ... A partir de finales del siglo pasado, y hasta ahora, el paisaje queda como una consecución de espacios naturales protegidos y otros urbanizados. Entre los primeros, podemos disfrutar del Parque natural de s'Albufera de Mallorca y del Parque que ahora visitáis, el de la península de Llevant. Llegados al final del itinerario, podemos aprovechar este espacio para descansar y comer, tomar fuerzas para el camino de vuelta hacia las casas de S'Alqueria Vella. En la bajada es interesante visitar las casas de S'Alqueria Vella de Dalt. También podemos descender hacia la playa de S'Arenalet des Verger por el camino de En Mondoi (75 minutos) o por el de S'Esquena Llarga, pasando por el refugio de Es Oguers (1 hora).

PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

Camí de s'Esquena Llarga

Dificultad:Baja
Distancia:4,2 km (Sólo ida)
Duración:75 min

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S'Esquena Llarga es un camino por la cresta montañosa, que une el Camí dels Presos (ascenso al Puig de sa Tudossa) con el refugio de Es Oguers y S'Arenalet des Verger. El camino, que atraviesa la finca de Es Verger, permite disfrutar de unas bellas panorámicas de las montañas de Artà, que se prolongan hasta los cabos de Capdepera y de Es Freu. Este último cabo y el de Ferrutx son dos reservas naturales.

Etapas

Desde el Camí dels Presos, S'Esquena Llarga parte como sendero en dirección este, hasta llegar al refugio de Es Oguers. A medida que avanzamos por la pendiente suave, dejamos atrás a la derecha el torrente de S'Arboçaret, los riscos de Es Porrassar (que se prolongan hasta el monte del mismo nombre), S'Esquena Pintada y S'Esquena Curta. De izquierda a derecha se distinguen perfectamente las cumbres del Puig des Porrassar, el de Es Peregrí, el Puig de sa Fèl·lera, el Puig de s'Àguila y el Puig des Telègraf o atalaya de Son Jaumell. La torre que corona este último monte es visible desde la atalaya Moreia (s. XVI), una torre de vigilancia construida en el punto más alto del cabo Ferrutx. La ubicación de las torres permitía dominar una amplia panorámica y detectar las aproximaciones corsarias a la costa, bastante habituales en la Mallorca de los siglos XVI al XVIII. Los torreros, al ver atracar naves peligrosas, alertaban las torres vecinas mediante señales de humo, que retransmitían el mensaje de manera encadenada hasta alcanzar las poblaciones. En la recortada costa se divisa la torre de Albarca (o torre desde Matzoc, s. XVII), provista de un cañón para su defensa.
El paisaje de los primeros tramos del camino está dominado por una planta herbácea de hojas delgadas, largas y ásperas: el carrizo (Ampelodesmos mauritanica), una gramínea de distribución básicamente norteafricana que cubre grandes extensiones en las montañas de Levante y Tramuntana. La continuidad del carrizal sólo es interrumpida por el verde intenso de los palmitos. Los días de fuerte viento se forman olas en el mar de carrizo y el efecto nos evoca los campos de cereales. Tenemos la ocasión de disfrutar de la estética de uno de los pocos carrizales de Ampelodemos mauritanica europeos. Antiguamente el carrizo se empleaba para hacer cuerdas, esteras, tramojos para atar las gavillas y, desde el boom turístico, también para hacer sombrillas en las playas turísticas. A pesar de la uniformidad aparente, en este mar de carrizo también encontraremos plantas como la estepa joana (Hypericum balearicum), endémica de las Islas Baleares, la cebolla marina (Urginea maritima) y la fonollassa amarilla o hierba santa (Thapsia gymnesica) endémica de Mallorca y Menorca. Observe con atención, fotografíe o dibuje, pero no se lleve plantas del Parque natural. El cerramiento de reja que hemos dejado a la izquierda del camino protege una repoblación forestal de la voracidad de los cientos de cabras asilvestradas que pastan estas tierras. El objetivo de estas pequeñas repoblaciones es que, al crecer, los pinos actúen como dispersores de semillas a fin de que puedan nacer árboles en lugares donde los fuegos cíclicos han agotado el banco de semillas que se conserva en el suelo tras un incendio. El Parque natural tiene entre sus objetivos favorecer el aumento de la cubierta vegetal, especialmente arbórea, para revertir la tendencia actual desertizadora. Por ello, se realizan tareas de prevención de incendios, se efectúan repoblaciones forestales y se controla la población de cabras salvajes.
A lo largo del itinerario abunda el palmito (Chamaerops humilis) una palmera de pequeñas dimensiones que en Mallorca sólo encontramos en cuatro áreas: Andratx, Formentor, el Cabo Pinar y la península de Llevant. En primavera florece en racimos de flores amarillas muy pequeñas. Los dátiles (plomissons) y el corazón tierno de la cepa son comestibles. Los frutos no maduros son ricos en taninos, una sustancia astringente, y se emplean contra la diarrea. Esta planta ha sido importantísima para la economía local, ya que de las palmas tiernas tejidas por unas manos expertas (llatra) se obtiene una amplia variedad de productos (obra) para la vida cotidiana, como por ejemplo cestas, escobillas, cuévanos, soplillos, sombreros, canastas, esterillas, espuertas o cestas para guardar leña. Las palmas se recogen hasta el día San Salvador (6 de agosto) o como muy tarde hasta San Roque (16 de agosto), ya que a partir de entonces las noches se alargan y el rocío baña las palmas, pero especialmente porque las lluvias fuertes empiezan a ser más habituales. Una vez arrancadas, las hojas del palmito se solean y luego se azufran para que se vuelvan blancas. Finalmente, se hacen hebras y la llatra se trenza hasta terminar las piezas. El palmito es una especie incluida en el Catálogo Balear de Especies Amenazadas. La recolección de las palmas para la elaboración artesana de obra de palma se permite, ya que no tienen efectos negativos sobre la planta. Es necesario solicitar permiso préviamente.
En la hondonada que queda a la derecha de nuestro camino se aprecia una vegetación diferente, bastante más verde y densa, se trata de la vaguada de s'Arboçaret, accesible (15 min) a mano derecha de la bifurcación de la llanura Pla dels Castellots. Este lugar se caracteriza por la abundancia de madroño (Arbutus unedo), arbusto de frutos comestibles y capaz de rebrotar después de un incendio. Los madroñales (arboçar en catalán), los encontramos en zonas donde el suelo es más profundo, y en lugares antiguamente ocupados por encinares o acebuchales, como este que contemplamos. Hace menos de 50 años que dentro S'Arboçaret los ermitaños de Betlem aún tenían enjambres que producían miel en colmenas hechas con cañas, arcilla y tapones de marés agujereados. Las colmenas se cubrían con tejas para evitar que se mojasen con la lluvia. Así, además de conseguir miel, disponían de cera abundante para las velas y para hacer hilo de cera que empleaban los zapateros (para confeccionar calzado) y guarnicioneros (para coser adornos de cuero). Entre todos los madroños destacaba por su tamaño el árbol llamado Arbocer dels Ermitans (Madroño de los Ermitaños) En otoño, las madroños son un auténtico regalo para los pájaros migratorios, como los tordos y estorninos (Sturnus vulgaris), que llegan hambrientos en su viaje hacia el sur. También le gustan al cuervo (Corvus corax), aunque la carroña es la base de su alimentación.
Las últimos curvas del camino de S'Esquena Llarga nos abren la vista sobre la costa de s'Arenalet y nos conducen a la bifurcación del Pla dels Castellots. Alrededor a la izquierda llegaremos a la fuente que antaño utilizarían unos yegüeros para dar de beber al ganado y que ha dado lugar al topónimo Font des Oguers, al pie del monte Puig de sa Font, un buen lugar para observar muchas especies que acuden a la pila para beber. El agua mana buena parte del año y se aprovecha en el refugio de la caseta de Es Oguers. La fuente experimenta un cambio maravilloso por las tardes: cuando el sol se esconde, muchos habitantes de las montañas aprovechan el frescor para salir. Es el momento en que podeis ver murciélagos que cazan los insectos nocturnos. Si hay suerte, pueden aparecer cuatro de las diez especies diferentes descritas en la península de Llevant. También en la Font des Oguers podréis escuchar la rana (Pelophylax perezi), un anfibio que aprovecha este punto de agua, tan escasa en todo el Parque. El sapo (Bufo balearicus) es una especie amenazada por la progresiva desaparición de los hábitats donde se reproduce (balsas, fuentes, aljibes...); difícilmente lo podremos ver porque es un animal de hábitos nocturnos y crepusculares, pero en primavera lo podremos oír cantar desde la lejanía.
El Refugi des Oguers (caseta de los yegüeros utilizada actualmente como refugio para excursionistas) permite disfrutar de la montaña, aunque se encuentre a unos minutos del mar. Si seguimos bajando por el camino desde donde venimos llegaremos pronto a s'Arenalet des Verger, donde finaliza el itinerario. Desde el Refugi des Oguers los días claros se puede discernir, a lo lejos, el perfil de la isla de Menorca y con unos prismáticos se puede apreciar, incluso algunas casas blancas de su costa.

PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

Camí d'en Mondoi

Dificultad:Media
Duración:90 min

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El Camí d’en Mondoi une el Camí dels Presos con el Pla de ses Bitles, desde donde se puede descender hacia s'Arenalet des Verger, y es un mirador privilegiado para disfrutar de uno de los tramos más bellos y mejor conservados de la costa mallorquina. El paisaje que se puede ver es claramente característico de las montañas de Artà: relieves sinuosos surcados por vaguadas y hondas torrenteras. Un mar de carrizo moteado por algunos pinos, montañas a merced de los vientos y de los sucesivos incendios forestales que han transformado la vegetación y la fisonomía a lo largo de los años. Como trasfondo, el azul mediterráneo del mar y el cielo.

Etapas

Iniciamos el itinerario en el Camí dels Presos, al pie de la cima de Sa Tudossa. Las obras de esta carretera pusieron al descubierto formas extrañas en la roca, grietas y regueros con cristales, que habían permanecido ocultas durante mucho tiempo. El agua de lluvia cargada de dióxido de carbono disuelve la roca calcárea de estas montañas crea multitud de morfologías tanto encima como debajo de la tierra. A este proceso lento lo llamamos carstificación. En la superfície podemos encontrar agujeros, fisuras, bocas de simas. A cierta profundidad, bajo nuestros pies, la montaña esconde todo un laberinto de grietas, galerías, cavernas, túneles, simas y cuevas inimaginables, y aún por descubrir. Las cavidades subterráneas tienen unas condiciones ambientales tan especiales que sólo permiten la supervivencia de los seres capaces de adaptarse a la ausencia de luz, un grado de humedad muy elevado y una temperatura casi constante a lo largo del año. A pesar de estas dificultades, la vida existe dando lugar a formas interesantísimas para la ciencia. Tanto es así, que muchas cuevas y simas están catalogados como puntos de interés científico (PIC) o Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Un ejemplo en el Parque es el Avenc des Travessets (sima), donde habita un pseudoescorpión cavernícola endémico de Mallorca, llamado Roncus vidali.
Un reducido grupo de pinos grandes nos marcan donde comienza el sendero, transitado antiguamente por carboneros, recolectores de palma y contrabandistas. La pendiente se hace más pronunciada y nos adentramos por el carrizo que cubre estas laderas. En la zona destacan, aparte de la ausencia de árboles y la abundancia de carrizo, los cardos, la estepa joana (Hypericum balearicum), los arbustos espinosos almohadillados endémicos y conocidos con el nombre de eixorba-rates negre (Astragalus balearicus y el eixorba-rates blanc Teucrium marum subsp. occidentale), y alguna mata de romero (Rosmarinus officinalis). En verano, si observamos con detenimiento a ras de suelo, podremos distinguir el tem bord (Micromeria filiformis), una pequeña planta de flores blancas minúsculas que aprovecha la protección de los arbustos espinosos citados anteriormente para desarrollarse. Los vientos constantes e intensos son un factor que condiciona la vida en la montaña, los arbustos espinosos toman formas redondeadas con forma de almohadilla para resistir estos embates. Las manchas de color naranja, verde, blanco o negro que vemos sobre las piedras son líquenes, unos seres vivos fascinantes, resultado de la unión simbiótica de un alga y un hongo. Existen de tipos y formas muy diferentes y se adaptan a condiciones de hábitat muy variadas, pero son muy sensibles a la contaminación. Su presencia indica que la calidad del aire es muy buena. Algunos líquenes se emplean en medicina popular por sus propiedades antibióticas, en perfumería, en colorantes y también como alimento.
Al final de la cresta de la montaña por donde discurre el Camí d’en Mondoi se encuentra, según la tradición, el Pi de sa Romana, un pino donde se colgaba una balanza romana para pesar el carbón y las palmas que se crecían por la región. La explotación de la montaña y del bosque ha sido más intensa de lo que se podría llegar a pensar: pastores que utilizaban el fuego para tener pastos nuevos para las ovejas; hombres que bajaban a arrancar palmas; yegüeros que cuidaban de las yeguas y mulos de los señores de Albarca, carboneros y leñadores que sacaban metro (troncos cortados) cuando por el Camí d'en Mondoi todavía podían transitar carros; personas encargadas de llevar el correo que intentaban esconder el género que entraba de contrabando por algún lugar de esta costa, etc. Por otra parte, la toponimia relacionada con la actividad contrabandista es bastante común cerca de la costa de Artà. En los alrededores de Albarca y Es Verger hay lugares llamados S'Embarcador, Na Destorbajornals, la Caseta dels Milicians, el Camí dels Carabiners o el Corral des Tabac. Al llegar a la bifurcación del camino, continuaremos hacia la derecha, hacia el Arenalet des Verger atravesando el Pla de ses Bitles.
En esta ondulada planicie abunda el palmito (Chamaerops humilis), a partir del cual se ha desarrollado una interesante artesanía de la palma en la comarca. También podemos apreciar una gran cantidad de árboles jóvenes rodeados de un extenso enrejado que los protege de la presión de las cabras y otros herbívoros. Esta gran repoblación ha sido financiada por un conocido tour-operardor alemán. Bajo los palmitos, las estepas y el carrizo que hay en esta planície es frecuente encontrar alguna tortuga alimentándose. La tortuga mediterránea (Testudo hermannii) vive en ambientes costeros o subcosteros, sobre todo en sotobosque, márgenes de los cultivos y olivares de gran parte de Mallorca y Menorca. Durante los meses más fríos se entierra en un agujero que ella misma excava lentamente. Sale de la hibernación entre abril y mayo. Entonces, como otros reptiles, pasa gran parte del día calentándose al sol y buscando comida. Es prácticamente vegetariana. Las tortugas están expuestas a muchas amenazas: difícilmente escapan de los incendios forestales, las urbanizaciones, infraestructuras y vías de comunicación ocupan su hábitat o aislan sus poblaciones; son muy sensibles a los pesticidas utilizados en los cultivos o bordes de caminos, hay animales que depredan los huevos y las crías; tradicionalmente se han recogido para tenerlas como "mascotas" en corrales o terrazas de forma ilegal, y por todos estos motivos juntos, es cada vez más difícil encontrarlas en su medio natural. El Govern de las Illes Balears realiza campañas para recoger las tortugas cautivas y reintroducirlas en su medio. Uno de los principales núcleos, de puesta en libertad y seguimiento, ha sido el Parque natural de la península de Llevant. En el Pla de ses Bitles se puede observar que la especie predominante en las repoblaciones es el pino carrasco (Pinus halepensis) una especie de crecimiento rápido y muy bien adaptada a la sequía estival. Al salir del Pla de ses Bitles, podemos disfrutar de las vistas de s'Arenalet des Verger, al fondo se puede apreciar la costa septentrional de Artá y Capdepera, donde sobresalen la torre de Albarca y el Cap des Freu, y si avanzamos unas cuantas curvas contemplaremos los enormes acantilados que emergen del mar. Si miramos al cielo, y con un poco de suerte, podremos observar cómo planea el águila pescadora (Pandion haliaetus), que se alimenta de lo que pesca en el litoral, y el alimoche (Neophron percnopterus), una especie carroñera que nidifica en los peñascos de la Reserva natural de Cap Ferrutx. Al atardecer la pared rocosa adquiere unas tonalidades magníficas, del naranja al violeta, y aunque casi desnuda, está manchada de una vegetación muy especial capaz de resistir los fuertes vientos cargados de sal y, incluso, las salpicaduras de las olas del mar. Las saladinas (Limonium sp.) o el hinojo marino (Crithmum maritimum) comparten el espacio con aves como la gaviota de Audouin (Larus audouinii) y las colonias de cormoranes (Phalacrocorax aristotelis).
Un último descenso por el camino polvoriento nos conduce hasta S'Arenalet des Verger. No es difícil adivinar que se trata de una pequeña playa de arena blanca, un lugar especial en medio de esta costa predominantemente rocosa. La poca frecuentación de este espacio ha permitido que se conservasen algunos signos de formaciones dunares. En las modestas dunas de detrás de la playa se distinguen los cardos marinos (Eryngium maritimum) y las lechetreznas (Euphorbia sp.) por entre los guijarros y los saulones (trozos que provienen de un afloramiento rocoso cercano) que el mar ha empujado hacia la orilla. Es habitual encontrar algas y aceitunas de mar, es decir, hojas y frutos de Posidonia oceanica, una planta marina que, aparte de otras funciones ecológicas esenciales para los ecosistemas marinos, ayuda a proteger la arena de las playas. Muy cerca de la playa se ubica uno de los tres refugios del Parque, además de una zona de acampada, gestionados todos ellos por el Govern de las Illes Balears. Antiguamente el refugio se conocía como la caseta del señor, y era el lugar de veraneo de los propietarios de las fincas de Es Verger y Albarca; más adelante fue utilizada por los cazadores y desde el año 2000, cuando las adquirió la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares, las fincas fueron declaradas Refugio de Fauna y están consagradas a la conservación de la naturaleza y el disfrute público. Desde aquí mismo se pueden emprender varias rutas. Si disponemos de tiempo, es muy recomendable conocer la Font de Penya Roja, una fácil caminata (20 minutos) por el lecho del torrente y el madroñal. Si nuestra intención es volver al Puig de sa Tudossa, podemos hacerlo otra vez por el Camí d’en Mondoi o bien por S'Esquena Llarga (90 minutos), una subida de pendiente más suave. Por otro lado, podríamos llegar a cala Estreta y cala Mitjana (90 minutos) por el Camí dels Carabiners que sigue el litoral y pasa por la torre de Albarca (30 minutos).

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Camí dels Horts Vells d'Albarca

Dificultad:Baja
Duración:60 min

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El itinerario de los Horts Vells de Albarca (los huertos viejos) es muy especial por varias razones: ofrece la oportunidad de pasear en uno de los escasos encinares que podemos encontrar actualmente dentro de las fincas públicas, permite conocer los espacios dedicados a huerto desde antaño en la Possessió de Albarca, y nos descubre los rincones más escondidos del Torrent des Matzoc antes de que llegue al mar.

Etapas

El camino empieza cerca de las casas de Albarca. Esta Possessió mallorquina (gran finca rural que funcionaba como unidad de producción agrícola), comprada por el Govern de les Illes Balears en el año 2000. Comprende entre otras edificaciones la casa de los señores, hoy en día habilitada como refugio, la casa arrendada a los campesinos, además de establos, pocilgas, almazaras y los sesteaderos. Entre las dos casas principales unidas por unos arcos que funcionan como canalizaciones de agua, hay un pasillo en cuyo final, girando hacia la derecha, se inicia el camino de bajada a los Horts Vells.
Siguiendo el camino de los Horts Vells entramos en un encinar sombrío y húmedo, que conforma uno de los ambientes más diferenciados del Parque natural. Los humanos han empleado los encinares como fuente de recursos durante siglos, para obtener madera, carbón, cal, y también como espacio para la alimentación del ganado (cerdos, ovejas, cabras, yeguas y toros). El aprovechamiento continuado de los encinares que han hecho los leñadores, carboneros, caleros y pastores, con sus rebaños ha supuesto un conjunto de alteraciones en su extensión, en su aspecto y en las especies que viven allí. El denso bosque se ha transformado en pequeños bosquetes de encinas corpulentas o dehesas, con pocas plantas herbáceas debajo. Dentro del encinar se pueden encontrar arbustos grandes, como el madroño (Arbutus unedo) y el lentisco (Pistacia lentiscus), y otros más pequeños, como el arrayán morisco (Ruscus aculeatus) y el torvisco (Daphne gnidium). Las lianas, como la hiedra (Hedera helix) y la madreselva (Lonicera implexa), trepan por los árboles buscando la luz, mientras que otras plantas, como el pan porcino (Cyclamen balearicum) y frailillos (Arisarum vulgare), viven en condiciones de sombra. Aprovechad para escuchar los sonidos de los pájaros que habitan este lugar, como el carbonero común (Parus major), el pinzón (Fringilla coelebs) y el autillo (Otus scops). Durante el otoño y el invierno podrá ver zorzales (Turdus philomelos) y petirrojos (Erithacus rubecula). El encinar de Albarca está rodeado de cultivos, setos y sotobosque, y por ello es rico en especies de mamíferos terrestres como la jineta (Genetta genetta), el erizo (Atelerix algirus) y el lirón careto (Eliomys quercinus). Dentro del encinar transcurre el Torrent des Matzoc, al que se aproxima el camino de vez en cuando. El terreno que recorre el torrente es muy permeable, lo que hace que el agua se infiltre. Así, el subsuelo del torrente mantiene la humedad necesaria para las encinas y los sauzgatillos (Vitex agnus castus), arbustos protegidos que flanquean el lecho del torrente. Cuentan que las flores de los sauzgatillos, de color violeta y muy olorosas, se empleaban antiguamente por los ermitaños en infusiones para disminuir el deseo sexual. Cerca del torrente oiréis al chochín (Troglodytes troglodytes), el papamoscas gris (Muscicapa striata) y el curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala).
Pasado el encinar, el itinerario transcurre por la zona conocida como los Horts Vells. En esta zona, los olivos se dispersan entre los cultivos de cereales destinados al alimento del ganado ovino. Antiguamente se trabajaba este espacio como huerta aprovechando la accesibilidad del agua. De hecho, poco después de dejar el encinar hay un pozo, y un poco más adelante queda a la derecha la alberca donde se almacena el agua de riego. Esta alberca es también un buen punto para el abastecimiento de agua para la fauna. Caminando, encontramos aves como el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) presente en invierno cazando insectos entre las piedras, el triguero (Emberiza calandra) y el escribano soteño (Emberiza cirlus) cantando en las partes altas de los acebuches, el pardillo común (Carduelis cannabina), la exótica abubilla (Upupa epops) con su característica cresta, el mirlo común (Turdus merula), la golondrina (Hirundo rustica) visitante estival de cola ahorquillada, el jilguero comiendo semillas sobre los cardos (Carduelis carduelis) y el verdecillo (Serinus serinus) de color amarillento bien vistoso. De entre las plantas de la región destaca la cañaheja (Ferula communis), espectacular, cuando florece a partir de mayo. Esta planta está ligada a las tradiciones de la comarca, ya que los demonios de Artà (personajes de leyenda) llevan troncos de cañaheja en los bailes de las fiestas de San Antonio. Dejamos a la derecha la valla y el camino que comunica con la finca privada de Sa Cova y subimos una pendiente que bordea campos de cultivo y carrizos, hasta llegar a un punto elevado que proporciona vistas muy amplias hasta el mar. Desde el mirador hay unas bonitas vistas panorámicas e incluso podemos observar Sa Talaia Moreia. Siguiendo el itinerario, se puede ver una antigua cantera de calcarenita, de donde cuentan que se extrajo toda la piedra necesaria para la construcción de las casas de Albarca. Al llegar al camino ancho, podemos tomar hacia la izquierda, iniciando un ascenso continuado que se dirige hacia las casas de Albarca. Si queremos ir a s'Arenalet des Verger, deberemos tomar el camino hacia la derecha.
El itinerario sigue dejando a la derecha un valle conocido como el Corral des Tabac. El topónimo recuerda la relación que esta zona mantuvo con el contrabando de tabaco durante décadas. Al borde del camino encontramos también un horno de cal en un estado de conservación bastante satisfactorio.
La cal fue desde hace 3.000 años y hasta que fue sustituida por el cemento (desde el siglo XIX, pero sobre todo después de la Guerra Civil) el conglomerado más empleado para unir y proteger los materiales. Además, la cal se utilizaba para blanquear, desinfectar y sulfatar las plantas contra las plagas. La cal se producía en hornos de piedra de planta circular y sección normalmente cónica, a menudo excavados en la pendiente. Las piedras se apilaban formando una bóveda en el interior del horno, y se cocían a 900-1.000 ºC. En la parte inferior se dejaba una ventana o "boca" para introducir la leña. La cocción podía durar desde unas horas a 15 días, según las dimensiones del horno. Una vez calcinadas las piedras, se desmontaba la bóveda a golpes de pico, y las piedras se deshacían en terrones de cal viva.
Como combustible se empleaba la leña que se obtenía de desbrozar el bosque. En un horno se podían quemar de 700 a 1.800 haces de leña, de 30 a 40 kg cada uno, para obtener más de 20 toneladas de cal. El aprovechamiento de la leña y vegetación y evitaba el riesgo de incendios. Así pues, el horno de cal de este itinerario es una prueba de que en el pasado los alrededores del horno fueron bosques. Los incendios reiterados y aprovechamientos forestales excesivos redujeron su extensión hasta la actual.
El camino de regreso nos muestra especies que hasta ahora no habíamos podido observar, como el romero (Rosmarinus officinalis), el brezo (Erica multiflora) y el jaguarzo negro (Cystus monspeliensis), así como otras especies que ya habíamos visto cerca de los campos cultivados de los Horts Vells (pinos, acebuches, cañaheja). Si permaneceis hasta el atardecer, en las proximidades de las casas de Albarca podréis ver dos especies de murciélagos: el común (Pipistrellus pipistrellus) pequeña, que prefiere los lugares humanizados, y el murciélago rabudo (Tadarida teniotis), mucho más grande, que suele refugiarse en las grietas de los peñascos.

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La font de Penya Roja

Dificultad:Baja
Distancia:(English) Baixa
Duración:15 min

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El itinerario de la Font de Penya Roja es un paseo muy cómodo que nos adentra en el corazón de las montañas del Parque natural de la península de Llevant siguiendo el curso del torrente de Penya Roja. El torrente y el camino se entrelazan hasta nueve veces ofreciendo a cada vuelta un paisaje sorprendente. Vale la pena conocer el esplendoroso madroñal y el frágil entorno de la fuente de Penya Roja.

Etapas

Iniciamos el itinerario en el pinar de la zona de acampada de s'Arenalet des Verger y subimos por el camino paralelo al torrente. El pinar, cerca del torrente de Penya Roja, es uno de los pocos que ha sobrevivido a los incendios reiterados en la zona. Si quedamos un rato en silencio, observaremos fácilmente algunos pájaros como la tórtola (Streptopelia turtur), la paloma torcaz (Columba palumbus) o el papamoscas gris, (Muscicapa striata). No faltan los indicios de actividad de los pequeños mamíferos: tierra escarbada por los conejos y piñas mordidas por el ratón de rastrojo sobre la alfombra de hojarasca de pino. El torvisco (Delphinium pictum subsp. pictum) destaca por su abundancia en el área de acampada. Esta planta es endémica de Mallorca, Córcega y Cerdeña. Algunas partes del torvisco se empleaban antiguamente como insecticida por su toxicidad. A orillas del pinar se puede ver un cercado que delimita un antiguo huerto donde todavía sobreviven algunas higueras. Dentro de este cercado está ubicado el depósito que suministra agua al refugio de s'Arenalet. El agua proviene de la fuente de Penya Roja. Las bases empedradas redondeadas para el carboneo (rotlos de sitja) Las dos bases empedradas redondeadas que hay en el pinar son el testimonio de una explotación forestal tradicional del pasado. Los carboneras (sitges) se empleaban para producir carbón vegetal. El carbón era muy necesario para las cocinas, los braseros y las planchas. Para hacer el rotlo, el carbonero colocaba las piedras formando un empedrado circular. Sobre el empedrado se ponían piedras más pequeñas y sobre ellas una capa de tierra roja arcillosa. Después se colocaba la madera y el ramaje para finalmente cubrirlo todo de tierra. Para producir 26 kg de carbón necesitaban 100 kg de madera de buena calidad como la de encina, madroño y acebuche. Esta actividad la llevaban a cabo el carbonero y su familia durante los meses de primavera y verano. La cocción de la madera hasta que se convertía en carbón duraba unos 9 días, durante los cuales había que controlar con cuidado el proceso. Hay testimonios escritos que cuentan que el carbonero que trabajaba en los años treinta en las fincas des Verger y Albarca entresacaba las ramas secas de las encinas del lado de la Font dels Oguers y s'Arboceret. Esto evidencia la existencia de encinar no hace mucho tiempo en zonas donde hoy por hoy es inexistente.
En las proximidades de s'Arenalet y en dirección a Cala Roja hay dos escondrijos de contrabando, testigos del comercio ilegal del tabaco. Estas cavidades excavadas en el terreno, abundantísimas en el litoral de Mallorca, ocultaban perfectamente la carga de tabaco, "es bulto", que se desembarcaba en las noches más oscuras para evitar ser descubiertos por los milicianos o carabineros que custodiaban la costa. El escondrijo se tapaba con piedras o vegetación, por lo que quedaba perfectamente camuflado en el terreno.
Siguiendo el curso del torrente atravesaremos un denso madroñal antes de llegar a un rellano rodeado de paredes rocosas. Enseguida apreciaremos las cavidades a mano izquierda del camino. Este sitio se conoce con el nombre de ses Cuines (las cocinas, en catalán). Justo delante de ses Cuines, a mano derecha del camino, hay una repoblación del año 2003 realizada con el objetivo de contribuir de manera activa a la recuperación de las masas forestales de la zona. El cercado y los protectores metálicos evitan los efectos devastadores de las cabras asilvestradas sobre la vegetación. La elevada población de cabras es, junto con los incendios forestales, el principal obstáculo para la recuperación de los bosques.
El madroño (Arbutus unedo), tan abundante en este tramo del itinerario, es un arbusto que normalmente aparece asociado a los encinares o acebuchales, aunque también lo encontramos en el sotobosque cuando el bosque ha sufrido una regresión. Podemos ver madroños en los lugares húmedos o con bastante suelo, como esta cuenca del torrente de Penya Roja, donde probablemente en el pasado hubo un encinar. En otoño, estos arbustos nos ofrecen la posibilidad de probar los madroños. Los frutos del madroño necesitan un año para madurar. Primero son verdes, luego amarillos y finalmente de un rojo intenso. Esta última fase de maduración coincide con la floración. Los días cálidos y sin viento tal vez encotreis la espectacular mariposa de madroño (Charaxes jasius) abundante en la zona de Artà. Las orugas, también vistosas, se alimentan principalmente de las hojas de madroño.
Al terminar el camino, cruzamos el torrente por novena vez en nuestra ruta. Seguimos su curso hasta llegar a un manantial entre los juncos. La fuente de la Penya Roja brota justo en medio del torrente, a unos 50 m de altitud sobre el nivel del mar. La cal que contiene el agua emanada de la surgencia precipita en forma de carbonato cálcico sobre las rocas, y los vegetales, que el agua encuentra en su camino, quedan incrustados. El resultado es la formación de una roca caliza donde quedan incluidos fragmentos de juncos, helechos y musgos perfectamente apreciables. La formación de las estalactitas y estalagmitas de las cuevas de nuestras islas se produce también por el mismo fenómeno: la precipitación de carbonato cálcico disuelto en el agua. Si nos acercamos lentamente, sorprenderemos las ranas que cantan mientras toman el sol. La rana (Pelophylax perezi) tiene una coloración muy variable entre verde y marrón, con manchas oscuras. Fue introducida en las Islas Baleares por los humanos y se distribuye por la Península Ibérica y sur de Francia. Uno de los principales depredadores de la rana es la culabra de agua (Natrix maura), también presente en la zona, pero mucho más discreta y difícil de observar. Los alrededores de la fuente son de un interés botánico destacable, ya que se pueden contemplar plantas endémicas como la dedalera (Digitalis minor), el Teucrium asiaticum, la Scutellaria balearica y la Sibthorpia africana. La fuente proporciona agua durante todo el año al refugio de s'Arenalet. Del equilibrio entre el consumo de agua del refugio y la cantidad que la fuente proporciona depende el futuro del entorno del torrente. Por este motivo, es necesario reducir al mínimo indispensable el consumo de agua en los refugios. Con un pequeño esfuerzo, todos podremos disfrutar por muchos años del encanto de esta fuente. ¡Tu colaboración es imprescindible para conseguirlo! Al volver a casa, recuerda que reducir el consumo de agua es importante para poder conservar muchas otras fuentes, balsas y humedales que desaparecen cuando se extrae demasiada agua de los acuíferos.

PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

Campament des Soldats - Es Verger

Dificultad:Media
Distancia:0,8 km
Duración:30 min

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El itinerario que os sugerimos une dos conjuntos arquitectónicos importantes del Parque natural: el Campament des Soldats y las casas de Es Verger. El paseo atraviesa la finca de Es Verger, entre el Puig des Porrassar y el de Es Corb, y discurre a una altura que nos proporciona unas vistas abiertas hacia el mar, con la panorámica de Menorca en el horizonte, y que nos permite divisar también las montañas más altas de la sierra de Llevant. Esta ruta nos da la oportunidad de realizar una visita con un recorrido circular, de aproximadamente dos horas de duración, desde el aparcamiento del parque natural, si la unimos con el camino de los Presos (itinerario 3) y el camino des Verger a s'Alqueria Vella (itinerario 1). La distancia aproximada del itinerario del Campament des Soldats a les cases des Verger es de un kilómetro (5,5 kilómetros, la ruta completa de los tres itinerarios).

Etapas

Si iniciamos la caminata en las casas de s'Alqueria Vella (aparcamiento y centro de información), debemos tomar el Camí dels Presos y hacer el primer tramo de este itinerario (señalizado con el número 3). El Campament des Soldats fue construido como campo de reclusión de presos los primeros años de la década de 1940, una vez acabada la Guerra Civil. Era una colonia que alojó presos políticos y de guerra del bando republicano, que eran traidos aquí, en la mayoría de los casos desde la península, con el objetivo de hacer trabajos forzados para redimir condena (como por ejemplo, la construcción de la carretera, de ahí que la conozcamos como el camino de los Presos). La carretera termina casi cuatro kilómetros más arriba en dirección a Sa Talaia Moreia, lugar donde supuestamente se quería construir una batería de costa para la defensa de la isla. Este elemento es único en Mallorca y muy poco común en todo el Estado, ya que los campos de reclusión normalmente eran construcciones desmontables y no de piedra, como las que aquí podemos observar. Entre los restos del Campament se intuyen las distintas dependencias que hicieron la función de estancia de los mandos, de cocina, de almacén y de enfermería, además de los barracones de los presos, que se mantienen en un estado de conservación muy deficiente, y no nos costará mucho imaginar las condiciones en que vivieron.
Atravesamos el Campamento e iniciamos la caminata por el sendero que se aleja desde aquí en dirección sudeste. Pasado el cercado que rodea el conjunto de ruinas, encontramos un aljibe y unas piletas, que también empleaba la colonia penitenciaria. Poco después vemos una última caseta y el trazado señalizado nos conduce a la izquierda, dejando a nuestra espalda el Puig des Corb. Las vistas se nos amplían hasta el horizonte. Podemos distinguir los imponentes relieves del Puig Morey (564 m), del Puig de Sa Tudossa (442 m) y del Puig des Porrassar (493 m), a la izquierda del cual hay una pared larga de piedra seca que separa las fincas de s'Alqueria Vella y es Verger. Junto con Albarca, estas dos fincas fueron adquiridas por el Govern de las Illes Balears los años 1999 y 2000 y forman parte del Parque natural declarado en noviembre de 2001. Desde aquí se pueden reconocer, aunque más distantes, otros relieves como las Penyes de na Pastora (350 m) justo antes del valle de Es Verger, la atalaya de Son Jaumell (273 m) con una torre para vigilar la costa de Artà y el Puig de sa Vinyassa (361 m). Las sierras de Llevant son el segundo conjunto montañoso más importante de Mallorca, después de la Serra de Tramuntana, ambas de origen alpino formadas durante el periodo Cenozoico. Son el resultado de los movimientos tectónicos debidos al choque entre la placa europea y la africana hace 15 millones de años, y que provocaron importantes cambios en los relieves mediterráneos. Por ejemplo, en la Península Ibérica se formaron los Pirineos y las cordilleras Béticas. Las sierras de Llevant y de Tramuntana son, de hecho, una continuación de estas últimas. Al ser unos relieves bastante recientes las formas de las montañas no son redondeadas, sino escarpadas abundando los afloramientos de roca desnuda. Las lluvias erosionan el terreno y contribuyen a lavar las laderas de las montañas, lo que hace que se acumule la tierra en las llanuras inferiores.
Las lluvias intensas, concentradas sobre todo en los meses de otoño, provocan desbordamientos puntuales de los torrentes de la zona que salvan grandes desniveles a lo largo de recorridos cortos, lo que da como resultado una acción erosiva muy fuerte. El suelo de las laderas se empobrece y las piedras son arrastradas torrente abajo hasta las playas. El rodamiento y el lavado de las piedras determina la forma redondeada característica de los guijarros de playa. Muchas de las que se han originado aquí las encontramos en la cala de la Font Celada, sobre una capa de abundante arena blanca formada fundamentalmente por los restos de las conchas de muchos moluscos y crustáceos marinos. Los diferentes tramos de los torrentes adoptan nombres distintos según los lugares por los que transcurren. Aquí vemos ramificaciones del torrente des Porrassar que, cuando se junta más abajo con el de s'Arboçaret, forman el torrente des Castellot, que desemboca en la cala de la Font Celada.
Dentro del ámbito del Parque natural el paisaje se caracteriza por la dominancia de las grandes praderas de carrizo (Ampelodesmos mauritanica), una planta de la familia de las gramíneas que cubre gran parte del suelo. El origen de este paisaje se encuentra en la acción humana, ya que durante muchos siglos los agricultores han empleado la técnica de la quema del carrizo para obtener unos pastos tiernos para el ganado. El carrizo tiene una capacidad de rebrote muy grande después de un incendio, a diferencia de otras plantas. Con el tiempo la quema reiterada del carrizo y los incendios forestales han configurado un paisaje empobrecido en especies con un dominio indiscutible de esta planta. Para favorecer la recuperación de la vegetación, los gestores del Parque han realizado y siguen haciendo repoblaciones forestales mixtas con pinos, acebuches, encinas y varias especies del sotobosque. Por otro lado, y para reducir el riesgo de incendio, se desarrollan diferentes acciones de prevención, como la apertura de franjas de baja densidad de vegetación a los lados de los caminos mediante el pastoreo de burros y vacas. Es muy posible que en el transcurso del itinerario, durante el otoño o el invierno, veamos vacas; éstas son de raza mallorquina, una raza rústica y fuerte que se adapta perfectamente a las condiciones de la montaña. El pastoreo dirigido de estos animales permite actuar en los lugares que se considera más necesario para reducir la masa de especies combustibles y prevenir posibles incendios.
Pasado el collado que separa el valle de na Pastora del valle de Es Verger, vemos a nuestros pies las casas principales de la finca, originarias del siglo XIV aunque a lo largo del tiempo se han hecho varias restauraciones. Las casas fueron habitadas hasta la década de los años ochenta por los agricultores que cultivaban estas tierras. En los terrenos que descienden de las casas hacia el mar, escalonados con bancales y drenados por un torrente, se practica una actividad agraria extensiva y de secano destinada a la producción de alimento para el ganado. Tradicionalmente, sin embargo, se habían cultivado hortalizas y frutas aprovechando la abundancia de agua que proporciona la fuente de Es Verger. Esta disponibilidad de agua ha hecho posible que hoy en día encontremos un gran depósito, ubicado aquí preventivamente para luchar contra posibles incendios forestales. Desde las casas de Es Verger podemos empezar el trayecto que nos llevará a las casas de Albarca si seguimos el camino cuesta abajo, o podemos emprender el camino de regreso hacia el aparcamiento si remontamos la cuesta que sube por detrás de las casas, en dirección sur, en un ascenso breve pero pronunciado hasta el Coll des Verger para continuar hacia S'Alqueria Vella.

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Volta als Establits de s’Alqueria Vella

Dificultad:Media
Distancia:3.4 km
Duración:90 min

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El itinerario empieza muy cerca del aparcamiento de S'Alqueria Vella. Es una ruta circular que permite observar amplias panorámicas del valle de S'Alqueria Vella y la bahía de Alcúdia. La zona posee grandes valores históricos y culturales. Desde los Establits de s'Alqueria Vella, si nos desviamos del itinerario, podremos llegar en poco tiempo a la ermita de Betlem, un lugar de visita recomendado cerca del Parque natural.

Etapas

Desde el aparcamiento de S'Alqueria Vella, debemos tomar el camino señalizado que sale en dirección a la ermita de Betlem, a unos 160 metros encontramos un cruce desde el que comienza el itinerario de la vuelta a los Establits. El camino de ascenso hacia la ermita de Betlem empieza estrecho, sombrío y paralelo a una pared que separa la finca pública de S'Alqueria Vella de la propiedad vecina. Pronto sube, sin embargo, y continua en un terreno abierto y enmarcado por paredes y muros de piedra que delimitan las antiguas tierras de cultivo. Este camino, hasta el punto en que una indicación nos obliga a desviarnos, forma parte de la ruta Artà-Lluc, la segunda habilitada en Mallorca como GR (ruta de senderismo incluida en la red de ámbito europeo de grandes recorridos). Más adelante, el camino da un giro hacia la izquierda y se separa de la pared medianera. El cambio de dirección nos permite contemplar cómodamente las vistas sobre el valle, donde distinguimos los edificios de las cocherías y la almazara de S'Alqueria Vella. Más allá, vemos Can Sard, las casas principales de la finca, y como telón de fondo, los relieves que cierran el valle: en primer lugar, el Puig Figuer, con una pared que delimita claramente el Parque natural, a continuación, el Puig Genet, después el Puig des Corb, el único que conserva un denso pinar, y al fondo, Es Porrassar, con una forma cónica casi perfecta.
Desde el primer momento, llama la atención la gran cantidad de árboles muertos que sobresalen entre las carrizos que tapizan los bancales. Después de pasar un portillo -una abertura en una pared que separa antiguas propiedades-, continuamos avanzando rodeados de cercados de piedra y una vegetación homogénea de abundante carrizo y palmitos, especies muy características de la comunidad de acebuches, que es la que aquí invade los antiguos campos de cultivo. El topónimo Establits de S'Alqueria Vella da nombre a toda la región que atravesamos y hace referencia al resultado de la parcelación de las possessions (fincas agrícolas) de sa Devesa, Binialgorfa y S'Alqueria Vella que se hizo a finales del siglo XIX con la intención de que se establecieran agricultores, creando así nuevas tierras de cultivo. Esta práctica era fomentada por el Estado, que la premiaba con importantes incentivos fiscales, dada la necesidad de nuevas tierras agrícolas en una época de crisis económica generalizada. Las malas condiciones de vida en un paraje tan inhóspito como éste, junto con algún desafortunado episodio de epidemias que afectaron a la población que se establecía en la zona, desencadenaron el abandono de este incipiente núcleo de población en la primera mitad del siglo XX. Miremos donde miremos, vemos restos que nos indican la presencia de esta «colonia» de primeros terratenientes: casetas, bancales, corrales... Entre las casetas, podemos distinguir Can Murtó, fácilmente identificable por el cuello de cisterna que se alza frente a la caseta, y pasada ésta, sólo si continuamos atentos a los elementos de los alrededores, podremos divisar las barracas de Can Serverí, a la izquierda del camino, y de Cas Carboner, que queda a nuestra derecha en la última curva del ascenso, antes de desviarnos en dirección a la ermita de Betlem. La tranquilidad que reina en este lugar se puede ver interrumpida por los cantos de la bisbita campestre (Anthus campestris), la tarabilla común (Saxicola torquata), la cogujada montesina (Galerida theklae), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) o el chochín (Troglodytes troglodytes), pequeños pájaros comunes en estos espacios abiertos con vegetación arbustiva.
Una vez finalizado el ascenso, giraremos a la izquierda y muy pronto divisaremos un grupo pequeño de encinas, de las pocas que han sobrevivido al aprovechamiento agrario y a los incendios. Estos árboles están cerca de una de las casas con más entidad de los Establits, Can Duc, que está también en mal estado de conservación. Unos 150 metros después de haber pasado por delante de Can Duc, un indicador nos hace girar a la derecha; desde aquí, podemos ver al fondo Ca na Manxa. Estamos en una zona bastante llana, el área más aprovechable de toda la región para el cultivo de los cereales, lo que queda constatado por la presencia de varias eras. Se trata de espacios planos, definidos por una sencilla estructura circular de piedra, donde se depositaba la cosecha de trigo para separar el grano de la paja. Las eras se situaban en lugares elevados donde el viento soplase con fuerza, así el grano caía por gravedad en la era y la paja era arrastrada por el viento. Dejamos atrás el camino que lleva a la ermita de Betlem, y cogemos el sendero señalizado que remonta la ladera sur del Puig de sa Creu hasta llegar a un llano sobre la cresta. Este es el punto culminante del itinerario, donde podremos detenernos en un mirador desde el que podremos disfrutar de unas vistas panorámicas impresionantes sobre la marina de Betlem, la Colònia de Sant Pere, la bahía de Alcúdia, la ermita de Betlem y el ya lejano valle de S'Alqueria Vella. En las zonas altas de montaña se aprecia uno de los valores principales del Parque, la flora endémica. En las cimas y laderas expuestas al viento se encuentra la comunidad de arbustos almohadillados espinosos (Astragalus balearicus y Teucrium marum). Mientras que en los acantilados más sombríos crece una comunidad rupícola donde destacan la Hippocrepis balearica, Galium crespianum y algunos otros endemismos como la Brassica balearica.
Las vistas en el camino de descenso son similares a las que teníamos en el ascenso, pero ahora caminaremos siempre con la vista dirigida hacia el valle de S'Alqueria Vella. Al fondo podremos distinguir siempre las casas de S'Alqueria Vella de Baix, donde encontraremos información y atención personalizada para hacer cualquier consulta que podamos tener sobre el Parque natural. A medida que descendemos en dirección a S'Alqueria Vella de Dalt son menos los indicios del aprovechamiento agrícola. Sin embargo, son tierras que también tenían un aprovechamiento basado en la recolección de las hojas de palmito, una actividad que a menudo complementaba la dedicación a las tareas estrictamente agrícolas y ganaderas. La artesanía de la palma, la llatra o llata (en Capdepera), sigue viva entre la población de la comarca. El camino, montaña abajo, nos hace atravesar dos torrentes. Poco después de haber cruzado el segundo pasamos por encima de una era; nos encontramos cerca de las tierras bajas y los usos agrícolas vuelven a estar presentes. Desde este punto se domina la planície de S'Alqueria Vella de Dalt. Entre las construcciones cercanas, hay una que nos llama especialmente la atención: el frontón. Esta peculiar edificación se integra en un conjunto de tres casetas que complementaron un asentamiento temporal de los prisioneros que, en la década de los años cuarenta en pleno siglo veinte, construyeron la carretera que va hasta el Puig de sa Tudossa. Estas casetas sirvieron para que los soldados que vigilaban a los trabajadores condenados se resguardasen y descansasen. Como muchos de los soldados provenían del País Vasco, construyeron el frontón de 5 metros de altura que podemos ver adosado a una de las barracas, para distraerse en los momentos de recreo.
Una vez abajo, y después de haber pasado la barrera, encontraremos una caseta de pegujalero (roter) restaurada, Can Leu. Desde aquí un camino paralelo al torrente nos conduce hacia una noria. Una vez que hemos llegado, debemos girar a la derecha y continuar 300 metros entre campos de cultivo por un camino que avanza paralelo al Torrent des Cocons. Los campos de S'Alqueria Vella de Dalt se destinan al cultivo de forrajes, complementados con cerca de 400 árboles (sobre todo almendros, pero también olivos, higueras y algarrobos). En las tierras cultivadas, pero también de los márgenes del camino, vemos crecer abundantes hierbas, especies ruderales (comúnmente llamadas «malas hierbas») que se benefician de la actividad humana, en especial de la ganadera y la agrícola. Buscando atentamente, podemos encontrar también alguna especie protegida, como las orquídeas. En estos campos abundan el jilguero (Carduelis carduelis) y el pardillo común (Carduelis cannabina), que se alimentan de las semillas de los cardos y otras plantas frecuentes en las tierras de cultivo, mientras que entre los insectívoros podemos destacar la abubilla (Upupa epops), y el alcaudón (Lanius senator). Éste último es un pequeño pájaro que cría en nuestras islas durante la primavera y migra hacia el sur cuando se acaba el verano, atravesando el Sáhara, en busca de un clima más cálido, donde pasar el invierno. Pronto llegaremos a la almazara y a la caseta del señor, que se conoce también con el nombre de Ses Cotxeres. Estas construcciones datan de principios del siglo XX y pertenecían a la finca de S'Alqueria Vella de Dalt. Si bien la almazara tuvo un uso compartido para la transformación en aceite de oliva de las cosechas provenientes de las dos alquerías y otras propiedades cercanas como Can Monseriu y Can Cristo. Una vez pasadas las casas, rápidamente volvemos al punto de partida.

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Pujada al puig Figuer

Dificultad:Baja
Distancia:1 km
Duración:30 min

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El itinerario de ascenso al Puig Figuer es una breve caminata por la historia que nos permite contemplar uno de los primeros asentamientos humanos de la zona: el yacimiento talayótico que corona el monte. A mitad de camino, pasaremos por el Coll de sa Barrereta, desde donde podemos observar un segundo yacimiento y disfrutar de las vistas a ambos lados del promontorio.

Etapas

Empezamos caminando unos 150 metros desde el aparcamiento de S'Alqueria Vella en dirección a Es Verger. Encontraremos una barrera y, pocos metros después, la señal de inicio del itinerario de ascenso al Puig Figuer. En este lugar, las tierras de Can Ros, destaca el cultivo del olivo, si bien en los terrenos más cercanos a las casas, tanto en las de S'Alqueria Vella como las de Can Ros, se podían tener huertos gracias al sistema de riego propiciado tanto por las canalizaciones de agua procedentes de Son Morei como por la noria que hemos dejado a nuestra izquierda, construida muy cerca del torrente y que fue restaurada hace unos años por el departamento de Patrimonio del Consell de Mallorca. La noria es un elemento de herencia musulmana que se utilizaba para sacar agua de los pozos mediante la fuerza de un animal.
Desde el olivar de Can Ros, debemos tomar el camino que remonta la falda del Puig Figuer. Las vistas que tenemos al alcance se amplían a medida que subimos. En el Coll de Sa Barrereta encontramos un portillo muy adecuado para hacer el primer descanso durante nuestra caminata, desde aquí tenemos ya una visión espectacular de la otra vertiente del promontorio, el de la zona sur. Las paredes de piedra en seco, como la que acaba en este collado, conforman un hábitat idóneo para muchos animales como las salamanquesas y las culebras de cogulla; que las usan para tomar el sol y para alimentarse de los invertebrados (insectos, caracoles, arañas) que se resguardan en ellas. Además, pequeños mamíferos como el lirón careto, el ratón y la comadreja encuentran escondrijos, y también el alimento que les proporcionan tanto los animalillos que habitan en los huecos de las piedras como la vegetación de matorral que crece junto a las paredes. Si giramos a la derecha, pasado el collado, seguimos ascendiendo hacia la cima de la colina y pronto vemos las primeras construcciones correspondientes al yacimiento del Puig Figuer, del que hablaremos más adelante. A medida que subimos el terreno es cada vez más rocoso y la vegetación es menos densa. Podemos ver que empieza a destacar una especie arbustiva que no era tan abundante en la zona más baja, la lechetrezna (Euphorbia dendroides), que se torna roja a finales de primavera y pierde las hojas durante el verano.
El yacimiento del Puig Figuer (catalogado como bien de interés cultural con el núm. 05/002 en el Catálogo de BIC del Consejo de Mallorca) consiste en un asentamiento construido en la cima de una colina, entre las tierras de Son Morei y s’Alqueria Vella. Se trata de un talayot circular, ubicado en el punto más elevado, al que se adosan estructuras cuadrangulares y circulares secundarias que forman terrazas en disposición sureste. No parece que se tratara de un poblado habitado de manera continuada, sino más bien de un asentamiento con alguna otra función dependiente de un poblado mayor, situado en la parte baja del valle, donde la vida era mucho más sencilla. La torre central o talayot tenía una altura aproximada de cuatro metros y destacaba por ser una excelente atalaya desde donde se tenía un dominio absoluto de toda la región. Destaca la posible existencia de una rampa helicoidal para acceder a la planta superior, la base de la cual es todavía apreciable en las ruinas. El acceso al interior lo posibilita una puerta orientada al sur, en la misma dirección hacia la que se asienta el poblado talayótico del Coll de’n Petro. Todo el conjunto estaba protegido por una muralla construida con bloques de piedras ciclópeas colocadas verticalmente, salvo la cara septentrional, donde la protección es natural a causa de la topografía del terreno. Parece que fue un asentamiento en uso durante el período talayótico (c. 850-550 aC) y post-talayótico (550-123 aC), e incluso podría haber sido empleado durante la época de dominación romana (hasta el siglo I). El yacimiento que vemos presenta como elemento predominante un talayot central de forma circular, con una columna interior central y dos alturas. Estos tipos de construcciones fueron elementos de prestigio para las comunidades talayóticas, y el uso que se hacía era siempre comunal, es decir, tenían una función social que podía estar ligada a rituales sociales y religiosos. Así pues, no se trata de elementos puramente defensivos, como a menudo se había creído.
El aumento de población que alcanzó Mallorca durante el periodo talayótico hizo que el control del territorio fuera clave, ya que las diferentes comunidades necesitaban unos terrenos propios para el pastoreo, la agricultura, la caza, el abastecimiento de leña..., y competían por estos recursos. Así, las construcciones con carácter monumental, como las murallas y los talayots, se generalizaron para poner de manifiesto la pertenencia a las distintas comunidades, así como para demostrar el nivel de poder o de prestigio de cada poblado. Próximos a este yacimiento, en las montañas de los alrededores, se encuentran otros restos originarios de la misma época y que forman parte de una compleja red de elementos constructivos con funciones diversas, dependiendo todos de una misma comunidad. En nuestro camino, cerca del Coll de sa Barrereta, hay restos de una estructura cuadrangular, de piedra en seco, originaria de la época talayótica. De momento, no ha sido excavada y, por tanto, no se puede interpretar a que corresponde exactamente. Estas paredes son más visibles en la distancia, a medida que ascendemos el monte, ya que se encuentran totalmente rodeadas de vegetación como el carrizo (Ampelodesmos mauritanica), el lentisco (Pistacia lentiscus) y el palmito (Chamaerops humilis). Sobre el promontorio más cercano, el Puig Genet, hay también dos plataformas escalonadas y un edificio rectangular correspondientes a la misma época, lo que hace pensar que probablemente formaban parte del mismo conjunto territorial. El poblado principal debía estar en las tierras bajas, o bien era un antiguo asentamiento donde hoy están las casas de s'Alqueria Vella, o bien se trataba del poblado del Coll d’en Petro, ubicado cerca de Son Morei, al sur de este cerro.
Una vez que hemos conocido el primer asentamiento de población que se ha documentado en el Parque natural de la península de Llevant, podemos retomar el camino de descenso. En esta zona, mirando al cielo, es habitual observar el vuelo del águila calzada (Hieraaetus pennatus), ya que el parque natural cuenta con una importante población reproductora de esta bella rapaz. Acabamos la ruta en s'Alqueria Vella, entre olivos y almendros, en el mismo lugar de donde hemos salido. Si la caminata se nos ha hecho corta, podemos aprovechar para llegar hasta el Coll des Verger (a poco más de un kilómetro en dirección a las casas des Verger), desde donde podemos disfrutar de una panorámica muy diferente de la que hemos tenido oportunidad de ver desde el Puig Figuer, o bien nos podemos dirigir al campamento dels Soldats (a menos de dos kilómetros en dirección al monte de sa Tudossa), donde podemos conocer otros restos históricos, esta vez de la época contemporánea, y de gran relevancia en nuestra historia más reciente. Las tierras del fondo del valle, como es habitual, son las más fértiles por la mayor profundidad del suelo y por la proximidad del nivel freático. Precisamente este espacio humanizado, transformado por la agricultura y la presencia de ganado, es el que tiene más diversidad de especies, tanto animales como vegetales. Sobre todo los pequeños pájaros, pero también insectos, reptiles y pequeños mamíferos, que se ven favorecidos por la diversidad de ambientes que confluyen en este valle: cultivos, setos, torrentes, paredes secas, olivar y presencia de frutales, e incluso edificaciones. También es destacable la gran cantidad de plantas ruderales que florecen los lados del camino durante la primavera, algunas son muy vistosas, como la amapola (Papaver rhoeas y P. dubium), el cardo (Cynara cardunculus) y la mojigata (Chrysanthemum coronarium). La aportación de nutrientes gracias al pastoreo de las ovejas favorece la presencia de estas plantas.

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Pujada al puig des Porrassar

Dificultad:Alta
Distancia:800 m (sólo ida) desde el Campament des Soldats
Duración:30 Min
Requisitos:Es recomendable el uso de calzado de montaña para hacer el itinerario

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El itinerario de subida al monte de el Porrassar (gamonal) es uno de los paseos cortos que se pueden hacer en el parque natural, y después de una breve caminata, nos permite admirar unas amplias y espléndidas panorámicas desde uno de los picos más elevados y característicos de la Sierra de Levante (con 493 m. de altitud). La duración del ascenso, desde el aparcamiento de la Alqueria Vella hasta la cumbre del monte, es de una hora aproximadamente. Por contrapartida, la pendiente del camino es elevada, lo cual, junto a un suelo irregular, pedregoso y abrupto, determina que quien quiera alcanzar la cima de el Porrassar y disfrutar de las vistas en las mejores condiciones, deberá tener una buena condición física.

Etapas

La salida del camino de subida al monte de Porrassar la encontramos señalizada dentro del Campament dels Soldats (antiguo campo de reclusión para presos de guerra), entre los barracones de los soldados y la casa del oficial. Este punto se encuentra a un quilómetro y medio del centro de información del parque natural y del aparcamiento (siguiendo el camino de los Presos). Desde este lugar son sólo unos 800 metros los que nos separan de la cima del monte, pero deberemos tener en cuenta que el camino asciende bastante recto y salva un desnivel importante, de cerca de 130 metros, lo que determina una pendiente pronunciada y casi constante durante todo el ascenso, si bien en el último tramo se hace aún más acentuada.
Éste es un lugar único en Mallorca por sus características y su historia. A pesar de su aspecto ameno y la bonanza de las vistas que nos ofrece, ha sido un lugar fatídico, donde un gran número de prisioneros de guerra se vieron obligados a permanecer en unas condiciones infrahumanas, dedicando los días a hacer trabajos forzados para construir la carretera (hoy camino de los Presos) que se aleja montaña arriba, en dirección a la Atalaya Moreia (torre de vigilancia).
A poco más de 100 metros desde el comienzo del itinerario, traspasamos un portillo con una barrera de madera que nos abre paso al interior de la finca de es Verger, la pared medianera que dejamos atrás separa esta finca de la Alqueria Vella. Ambas fincas, junto con Albarca, son las propiedades públicas, adquiridas por el Gobierno de las Islas Baleares en los años 1999 (Albarca y es Verger) y 2000 (Alqueria Vella) que conforman el Parque natural de la península de Llevant. Podemos advertir cómo un sendero de tierra paralelo a la pared se dirige hacia la costa, concretamente hacia la cala del Arenalet des Verger. Este sendero forma parte de la Gran Ruta excursionista Artá – Lluc (GR-222), que enlazará en un futuro la sierra de Llevant con la sierra de Tramuntana (con un recorrido total aproximado de 130 quilómetros). Pero para subir al monte de Porrassar no seguiremos este camino paralelo a la pared, sino que nuestra ruta continúa en el mismo sentido en que veníamos desde el Campament dels Soldats. La cumbre del Porrassar, con un aspecto piramidal casi perfecto, se alza majestuosa justo enfrente de nosotros. Esta zona ha sido repoblada con pinos blancos, ya que en el pasado estas tierras sufrieron numerosos incendios forestales. Por este motivo la masa boscosa que originalmente cubría las montañas fue disminuyendo, quedando hoy delimitada a pequeñas áreas que subsistieron a los diversos incendios. Los motivos que explican tantos incendios, muchas veces reincidentes, son variados: las quemas controladas (para ganar superficies de cultivo o para hacer rebrotar pastos para los rebaños) a veces han dado paso a algunos incendios descontrolados, que sumados a la combinación de altas temperaturas y sequía estival, resultan una fatal combinación para la conservación de este paraje. Hay que contar, además, con la peligrosidad que conllevan algunas actuaciones negligentes (como el abandono de suciedad en el campo, o la quema de rastrojos en épocas inadecuadas), y con la incidencia de otras causas de origen natural, como los rayos durante las tormentas. Las áreas repobladas van aumentando de superficie progresivamente, y actúan como núcleos de dispersión de semillas, que de forma natural contribuyen a la reforestación de las montañas. Pronto aumenta la pendiente del camino y el paseo se va haciendo duro, pero en pocos minutos ganamos altura y el campo de visión va haciéndose más amplio. La belleza de la panorámica nos ayuda a disfrutar del momento, y compensa el esfuerzo que debemos realizar. En muy poco tiempo apreciamos como se va añadiendo cada vez más territorio a nuestro dominio visual. Hacia el sureste, más allá del monte de es Corb (del cuervo), podemos apreciar la población de Artá, y en la lejanía se divisa la costa. Las cumbres de las montañas han sido siempre usadas como observatorios de primer orden y en el pasado determinaron un importante papel como puntos de vigilancia sobre el mar, de donde provenían las incursiones foráneas que tanto preocuparon a la población insular. Prueba de ello es que muchos de los picos que rodean los pueblos de Artá y Capdepera cuentan con yacimientos talayóticos (Puig Figuer, Talaieta de Son Forteza, Puig Badei), con torres de defensa (Atalaya Moreia, torre de Son Jaumell), o con alquerías musulmanas y casas fortificadas de diferentes épocas (els Olors, Son Morey Vell, sa Duaia, Morell ...)
Al suroeste vemos la continuación de la Sierra Artana, donde sobresale el Pico de Ferrutx; al oeste tenemos la cima colosal de la Talaia Freda. En primer término las tierras de Ca na Paies, cercanas al Campament, fueron tierras agrícolas donde los cereales alternaban con frutales y algarrobos. Son terrenos pobres, pero la escasez de tierras de cultivo y las malas condiciones de la población de la comarca en el siglo XIX, obligaron a roturarlas y a crear asentamientos agrícolas también en este lugar. Siguiendo la cordillera hacia el norte destaca el monte de Tudossa, coronado por algunas instalaciones de telecomunicaciones (antenas) que le otorgan un perfil único. El denso manto de carrizo (Ampelodesmos mauritanica) que tenemos en primer término esconde numerosas especies vegetales de gran interés florístico, como Astragalus balearicus, Smilax aspera balearica, Teucrium subspinosi, Potentilla caulescens y Pimpinella balearica.
La vegetación que predomina en todo el entorno, que nos acompaña durante todo el ascenso, es homogénea. Además del carrizo, una gramínea de gran tamaño que domina casi todo el paisaje del parque natural, destacan también los palmitos o palmiteras (Chamaerops humilis), la única especie de palmera autóctona europea, y un gran número de gamones comunes (Asphodelus aestivus). Estos últimos son los que dan nombre al monte al que subimos, pues porrassar no es otra cosa que la traducción de gamonal al mallorquín. Entre los meses de febrero y junio los gamones florecen y aportan color al camino, tras la floración las flores se secan y tan sólo quedan visibles los tallos secos (caramutxes), con aspecto leñoso, que denotan la dureza del verano mediterráneo. Su resistencia y adaptación a los lugares secos y pedregosos hace que sean muy comunes a lo largo de las Islas Baleares. En el nombre científico de esta planta podemos encontrar la explicación de por qué es tan abundante en estas tierras y en otras también castigadas por los incendios. Etimológicamente, Asphodelus asocia los vocablos sphodos (cenizas) y elos (valle o tierra), en referencia directa al hecho de que sus raíces (rizomas) no se ven afectados por el fuego y permiten que la planta rebrote con facilidad entre las cenizas (es decir, después de un incendio). Tradicionalmente los gamones han tenido diversos usos (en la fabricación artesanal de colas, por ejemplo). A nivel popular la tradición clásica griega relacionaba los gamonales con la presencia de las almas de los difuntos, pero la tradición mallorquina, mucho más terrenal, ha otorgado a esta hierba una referencia mucho más práctica, como revela el dicho popular: “Any d’albons, any d’ametlons” (Año de gamones, año de almendras) Otra referencia muy positiva, que nos muestra como de arraigado está el conocimiento de esta especie en la sociedad isleña, es una canción popular que reza así: “Hi havia una porrassa/que congriava un albó/tan alt com el puig Major/i gruixat no ho era massa,/i tenia una rabassa/com el castell d’Alaró." (Había una vez un gamón que formó un tallo tan alto como el Puig Major, que no era muy grueso, pero tenía una florescencia como el castillo de Alaró) También los palmitos resisten bien el paso del fuego, o mejor dicho tienen la capacidad de rebrotar después de un incendio. Aunque éstos no son tan habituales como los gamones en Mallorca, sino que se concentran en determinadas áreas de las cordilleras de Tramuntana y Llevant. Son muy conocidos especialmente en Artá, pues esta planta ha dado pie a la creación de una tradicional industria de elaboración de productos con las hojas del palmito (llatra). Una conocida canción popular de Artá dice así:“La pobra garballonera,/tot l’any li fan ets entorns;/d’estiu li cullen ses palmes,/i d’hivern es garballons”. (La pobre palmitera, durante todo el año la tientan; en verano le colectan las hojas, y en invierno los dátiles)
La cima del monte, con sus casi 500 metros de altura (493), nos permite disfrutar de una panorámica de 360 grados de casi toda la península de Llevant.
Mirando hacia el sur podremos apreciar la parte más alta del monte de es Corb (436 m), que consta de dos promontorios diferentes. La vertiente oriental de esta montaña aloja una extensa repoblación forestal realizada gracias a la iniciativa del sector privado (financiada por el operador turístico TUI). A los pies del monte está el Campament dels Soldats, que es el lugar donde iniciábamos la subida. Por encima del promontorio, en la lejanía, destaca el monte Ferrutx, conocido también como Bec de Ferrutx, y continuando los relieves más lejanos hacia el este, divisamos el monte de Alpara, ya en el límite del término municipal de Artá. Si dirigimos la vista hacia el sureste aparece una población, evidentemente es Artá, municipio al que pertenecen estas tierras. Más allá se divisa la costa, al fondo la pequeña península que constituye la Punta de n'Amer y el litoral urbanizado de sa Coma y Cala Millor. A medida que vamos girando la vista de hacia el este, aparecen a lo lejos los relieves de la sierra de Son Jordi, y la costa de Cap Vermell (cabo rojo), entre los cuales se extiende el amplio valle de Canyamel. Más cercanos hay buena parte de los relieves que conforman las Montañas de Artá, declaradas LIC (Lugar de Interés Comunitario) y ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) por la Unión Europea. Y justo donde termina la isla, hacia levante, se distingue el perfil blanco de Cala Rajada, seguido del Puig de s'Àguila (monte del águila), el monte y la torre de Son Jaumell (conocida como el Telégrafo) y una punta de terreno que se adentra en el Mediterráneo, se trata de la Reserva natural del Cap des Freu. Continuando hacia el noreste queda Cala Mesquida, y a partir de allí acontece una costa recortada que alterna acantilados con playas de arena blanca (Cala Torta, Cala Mitjana, Cala de Matzoc). Vemos, acechando sobre el mar, la torre de es Matzoc (o de Albarca), y hacia el interior las tierras de sa Duaia (al fondo, con su torre fortificada), y las verdes extensiones de las fincas de sa Cova y Albarca, donde los pinares y las marinas costeras dan paso a abundantes olivares.
Siguiendo la costa, divisamos también un pequeño islote, es el farallón de Albarca, y hacia el oeste el mar se adentra en la costa pedregosa, formando una cala de arena blanca y aguas someras, se trata de la cala de Fontsalada. Los relieves interiores de s'Esquena d'en Pintat y s'Esquena Llarga (laderas que descienden hacia el mar) no nos dejan observar la cala de s'Arenalet Verger, ni el resto del litoral, mayoritariamente abrupto y escarpado, que llega hasta el cabo Ferrutx, la segunda reserva natural de la región.
Al norte, una torre de defensa del s. XVI corona el monte de la Atalaya Moreia, y al noroeste, más cercano, está el monte de Tudossa, con un conjunto de antenas de telecomunicaciones, mucho más modernas y menos pintorescas que la torre de vigilancia antes mencionada. Siguiendo los relieves hacia el oeste, vemos las cumbres de la Sierra Artana, que culmina con el monte de sa Talaia Freda, con una altura de 563 metros, que la convierten en la cima más elevada de las sierras del levante mallorquín. Más lejos, oteando entre éste último y el monte de Tudossa, podremos observar (siempre que no lo impidan las condiciones meteorológicas) las más elevadas cimas de la península de Formentor, y ante éstas, la Atalaya de la Victoria, que separa las bahías de Alcúdia y de Pollença. Estos relieves son el comienzo septentrional de la sierra de Tramuntana, que se extiende en dirección noreste a suroeste a lo largo de 90 quilómetros, en disposición paralela a las sierras de Llevant. La sierra de Tramuntana llega hasta los municipios de Andratx y Calviá, justo al poniente de la isla, es decir, en el otro extremo de Mallorca.
Entre nuestra posición y la Talaia Freda, también llamado Puig Morei, divisamos el camino de los Presos, y hacia el suroeste se abre, al fondo, el valle de la Alqueria Vella. Siguiendo las montañas, después del impresionante monte Morey ( o Talaia Freda) se encuentra el monte de sa Creu, y entre uno y otro, el pas de ses Osques (un collado que permite el acceso al otro lado de la cordillera). Al otro lado de las montañas se asientan las poblaciones costeras de Betlem y la Colonia de San Pedro, aunque no son visibles desde donde nos encontramos.

PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

Puig de sa Talaia Freda

Dificultad:Alta
Distancia:2,1 km (sólo ida)
Duración:60 min. (sólo ida)

Color:   
Audioguia: http://Array

El monte conocido como sa Talaia Freda (atalaya fría, debido a su altitud con respecto de las tierras circundantes), llamado también puig Morey, es el pico más alto de las Sierras de Llevant (Levante), con una altura máxima de 564 metros, es decir, se trata de la montaña más alta de Mallorca, si no tenemos en cuenta la Sierra de Tramuntana. El itinerario propuesto tiene una longitud lineal de poco más de 2 quilómetros, y empieza tras una curva del camí dels Presos (camino de los Presos), situada a 1,3 km. del aparcamiento de la Alqueria Vella. Así pues, tendremos en cuenta que para hacer el recorrido que proponemos debemos salir desde el aparcamiento, llegar hasta la cima de la Talaia Freda y volver al punto de inicio, deberemos recorrer una distancia total de cerca de 7 quilómetros. La excursión no es sencilla y se debe tener en cuenta que en un recorrido ascendente de 3.300 metros habrá que salvar un desnivel total de 330 metros. Por lo tanto, podemos calcular que la pendiente media del itinerario será de un 10%, y que en algunos tramos se superará sobradamente esta cifra.

PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

Fincas públicas de Albarca y Es Verger

Fincas públicas d’Albarca y Es Verger Las fincas de Albarca y Es Verger fueron adquiridas por el Gobierno de las Islas Baleares en 1999. Desde antiguo han formado parte de la misma propiedad y han ido siempre muy ligadas complementándose. La finca de Albarca ha tenido siempre un carácter agrícola, con cultivos de cereales y de olivo, mientras que en la de Es Verger, predominan las zonas montañosas que han sido aprovechadas tradicionalmente como pastos para los ganados ovino y equino Las casas de la finca de Albarca son la casa de los señores de Albarca, conocida como el Refugi de s’Alzina y la casa de los payeses. Los alrededores de las casas de Albarca muestran un intenso aprovechamiento humano (eras, plataformas circulares para el carboneo, hornos de cal, bancales y una almazara). Ya dentro de los límites Verger, en la zona costera, encontramos dos construcciones más (la antigua caseta de veraneo de los señores de Albarca conocida como el Refugi de s’Arenalet y una caseta de uso ganadero reconvertida en el Refugi des Oguers. De entre las dos fincas, destaca Es Verger por sus valores naturales ya que esta finca incluye toda la zona costera del Parque natural de la península de Llevant (desde s'Arenalet des Verger hasta cala na Picarandau), las cumbres de mayor altitud de la Serra de Llevant, abundantes cuevas y simas, numerosos endemismos vegetales rupícolas, así como las principales áreas de nidificación de rapaces del Parque natural. Superficie: 1.127,9 hectáreas. Situación: se localiza al norte del municipio de Artà en el Parque natural de la península de Llevant. Cómo llegar: Se puede llegar desde la carretera de Artà en dirección a la ermita de Betlem (Ma-3333) y girando a la derecha en el kilómetro 4.7. Coordenadas: 39.767117,3.35701

PARQUE NATURAL DE LA PENÍNSULA DE LLEVANT

Finca pública de s'Alqueria Vella

Finca pública de s’Alqueria Vella En el año 2000 el Gobierno de las Islas Baleares adquirió las tierras de s'Alqueria Vella. S'Alqueria Vella destaca por el intenso aprovechamiento humano de que ha sido objeto desde antigüedad, como por ejemplo: • dos importantes yacimientos de origen talayótico • dos conjuntos de casas de campesinos que contienen una almazara, sesteaderos, corrales y dos eras de trillar. • campos de cultivo, zonas de pasto, zonas boscosas y de monte. • un campamento de reclusión militar originario de la Guerra Civil Española. • otras construcciones militares que surgieron a raíz de los trabajos forzados que hicieron los presos republicanos a principios de la década de 1940. • una importante zona parcelada, los Establits, donde a mediados del siglo XIX se intentó constituir una nueva colonia agrícola que debía impulsar el surgimiento de un nuevo núcleo de población. Paseando por esta finca podemos observar el majestuoso vuelo de los gavilanes y los halcones, pero también podremos encontrar pastando los rebaños de ovejas y de vacas mallorquinas. Superficie: 373,7 hectáreas. Situación: se localiza al norte del municipio de Artà en el Parque natural de la península de Llevant. Cómo llegar: Se puede llegar desde la carretera de Artà en dirección a la ermita de Betlem (Ma-3333) y girando a la derecha en el kilómetro 4.7. Coordenadas: 39.767117,3.35701

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